Comentario Bíblico Ciclo B

DOMINGO IV DE PASCUA

Dejarse conocer por Jesús

Todos los evangelistas coinciden en señalar que la enseñanza de Jesús producía admiración entre sus compatriotas. Esta reacción se debía a que Jesús hablaba de aquello que Él conocía por experiencia propia, no era algo aprendido y repetido. También era muy importante la utilización de imágenes tomadas de la vida diaria y no con grandes elucubraciones. El problema que podemos tener es que las imágenes utilizadas por Jesús hayan podido perder su fuerza, al haber caído en el desuso de una sociedad que ha cambiado tanto desde que fueron utilizadas.

El evangelio de hoy, nos presenta a Jesús hablando de sí mismo como «el buen pastor». Para que el evangelio siga siendo significativo para nosotros, es necesario superar la dimensión bucólica de la imagen y centrarse en el protagonista de la misma; Jesucristo, quien utilizó la imagen del «pastor» para hablarnos de dos grandes dones de Dios que hemos recibido por Jesús.

El primero, es hacernos comprender que Dios no se avergüenza de nosotros. Que no hay nada en nosotros que le resulte repugnante, más que el pecado. Pero esta realidad no pertenece a nuestro ser, sino que la introducimos en nuestra vida porque nos dejamos seducir por el mal. Ante Jesús, podemos ser completamente libres. Podemos abrir de par en par nuestro corazón porque sabemos que podemos presentarnos ante Él tal y como somos. Sabemos que estamos llamados a crecer como seres humanos y como cristianos, pero que cuando tropezamos y nos caemos, no tenemos que sentir más rubor que el propio de quien se ha equivocado, pero que desea, con todas sus fuerzas, volver a reencontrarse con aquel que sabemos que nos ama profundamente. Por ello, el cristiano no puede nunca sentir miedo de Jesús, todo lo contrario, con Él podemos experimentar la tranquilidad de quien se sabe amado tal y como es.

El segundo don es todavía mayor. Jesús afirmó: «yo doy mi vida por mis ovejas». Cuando escuchamos esta expresión, rápidamente nos recuerda a la cruz y su entrega generosa. Pero con esta afirmación, Jesús no solo hace referencia a aquel momento sublime de entrega por nosotros, sino a una actitud permanente de enriquecimiento hacia nosotros. Jesús nos «da» su vida. No solo derramó la vida misma de Dios sobre la aridez de la tierra humana, sino que continuamente sigue llenándonos de su vida. Comprender que podemos mostrarnos ante Jesús sin avergonzarnos y saber que nos hace partícipes de su misma vida, es el gran mensaje de esta bella imagen del «buen Pastor» utilizada por Jesucristo.

Victoriano Montoya Villegas

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