Comentario Bíblico Ciclo A

DOMINGO IV DE PASCUA

¿Nos hemos acostumbrado tanto a la mentira que la verdad nos molesta?

No es necesario ser un gran sociólogo para intuir que si se realizase una encuesta entre nosotros preguntándonos por alguna cualidad que valoremos especialmente en los demás, una de las respuestas que más aparecerían es: la sinceridad. Esta cualidad se valora porque entendemos que es condición necesaria para poder construir una relación interpersonal; amistad, transacción comercial…

Sin embargo, esta exigencia de sinceridad se queda, en la mayoría de las ocasiones, en el ámbito de las ideas, sin que sea una exigencia real en nuestra vida. Por ello, seguimos votando a un político que no ha cumplido con su palabra, volvemos al mismo establecimiento comercial aunque, en alguna ocasión, nos haya vendido un producto que no era todo lo bueno que decía ser, acogemos en nuestro entorno a personas que nos han mentido o no han sido fieles a la confianza depositadas en ellas… ¿Es posible que hayamos aceptado que la exigencia de sinceridad conlleva siempre un porcentaje de mentira que nos parece tolerable?

El cuarto domingo de pascua leemos un fragmento del evangelio en el que Jesucristo utiliza la imagen del “Pastor” para presentar su ser y actuar en medio de este mundo. Es cierto que esta imagen puede resultarnos lejana en una sociedad eminentemente urbana. Sin embargo, lo que no es lejano a nosotros es el fundamento en el cual Jesucristo basa su ofrecimiento de ser el verdadero guía para nuestra vida; la sinceridad. Él habló abiertamente, sin edulcorantes, de las exigencias que supone seguir su camino. Para ser cristiano es necesario coger la cruz cada día, perdonar a quien nos ha hecho daño, amar a los demás sin esperar nada a cambio, valorar al otro tanto como a mí mismo, mantenernos firmes y esperanzados cuando las ilusiones humanas se han venido abajo, saber que esta vida presente no agota nuestra existencia, vivir sabiendo que, al final de nuestros días, deberemos dar cuentas a Dios sobre cómo hemos utilizado todos los dones que él nos ha dado… Y, aún más, la sinceridad de Cristo no es solo una palabra más, sino que su vida es auténtico testimonio de que él la ha vivido hasta el extremo. Por eso, muchos, entonces y ahora, pensaron que sus palabras eran bonitas, pero muy difíciles de vivirlas y prefirieron seguir a otros pastores.

Ser cristiano significa imitar a aquel que es nuestro Buen Pastor, seguir a quien es sincero con nosotros y nos llama a que vivamos esa sinceridad con Dios, con los demás y con nosotros mismos. Y nos llama a vivirla como lo hizo Él, sin dejar espacio a ese porcentaje de mentira al que nos estamos acostumbrando.

Victoriano Montoya Villegas

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