Comentario Bíblico Ciclo C

DOMINGO III DEL TIEMPO ORDINARIO. El «hoy» de la amistad de Dios

Un elemento esencial de la práctica religiosa judía era la reunión semanal en la sinagoga. Jesús, como miembro del pueblo de Israel, también participa de esta práctica. En la sinagoga de Nazaret es invitado a hacer la lectura y, según la tradición, a comentar el texto sagrado que ha sido leído. Jesús proclama el texto del profeta Isaías, anuncio del tiempo mesiánico, donde se dice que el Mesías ha sido enviado a «evangelizar a los pobres». Expresión con la que se podría resumir, según san Lucas, toda la actividad de Jesús.

Al leer esta afirmación, podríamos caer en la tentación de pensar que este texto no es para nosotros, porque ¡no soy rico, pero no soy pobre! Pero la cuestión es: ¿qué es ser por pobre? Ciertamente, «pobre» es quien carece de lo necesario para llevar una vida digna. El error más común es reducir la dignidad de la existencia a la carencia de lo material. Pobre es, también, quien no tiene un fundamento vital sólido. Para saber si soy pobre, deberíamos hacernos la siguiente pregunta: ¿por qué hago lo que hago? Si mi repuesta es: por necesidad, porque no me queda otro remedio, porque me gusta, me apetece, por placer… entonces, soy pobre. Porque todas esas motivaciones son cambiantes. No pueden sustentar una vida.

Cuando Jesús afirma que ha venido a evangelizar a los pobres, está diciendo que ofrece a la humanidad un fundamento sólido para construir la vida: haz lo que haces porque así estarás agradando a Dios. «Evangelizar» no es la transmisión de un conjunto de verdades abstractas, sino la acción eficaz de Dios que es capaz de sacar al ser humano de esa pobreza. Jesús nos ha mostrado un camino de vida sustentado en Dios. Imitar a Cristo es camino seguro, fundamento sólido para salir de nuestra pobreza vital.

Terminada la lectura, Jesús se sentó. A continuación, afirmó: «hoy se cumple esta escritura que acabáis de oír». Esta afirmación del «hoy», nos recuerda que siempre tenemos un motivo de alegría; Dios está en nuestro presente. Dios siempre nos ofrece la oportunidad de comenzar de nuevo, de ser evangelizados. Se nos ofrece la oportunidad de construir nuestra vida en un fundamento sólido que nos permita alcanzar la felicidad anhelada. Que no es ausencia de problemas, sino certeza de que nuestra vida no está en manos del azar o de un capricho incomprensible, sino en manos de Aquel que sabemos que nos ama más que yo a mí mismo. Para Dios, su ofrecimiento de amistad para todos nosotros, siempre es hoy. Siempre es ahora. No cuenta lo pasado. Solo, «hoy».

Victoriano Montoya Villegas

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