Comentario Bíblico Ciclo A

DOMINGO III DE PASCUA

Es Jesús en persona

Cuando nos miramos al espejo, aunque durante estos días sea mejor no hacerlo demasiado, para pequeñas acciones diarias que forman parte de nuestra rutina, hay veces que nos paramos un momento ante ese reflejo y tomamos conciencia de que ese envoltorio corporal que vemos reflejado no agota nuestro yo. De una manera casi intuitiva, tomamos conciencia que nosotros somos mucho más que nuestra sola corporeidad.

La liturgia de la Iglesia nos propone para este tercer domingo de pascua, dentro de un ritmo más sosegado de celebración de la resurrección de Jesús, un texto paradigmático; el encuentro entre Cristo y aquellos discípulos desilusionados que regresan a su pueblo después de haber conocido el aparente fracaso de su Maestro. En este contexto, dice el texto evangélico, que Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Es posible que pensemos que la resurrección es solo una proyección de las ilusiones de los discípulos. Como si en Jesús se cumpliese aquello que oímos con frecuencia: “nadie desaparece para siempre mientras se le recuerde”. La resurrección no es un recuerdo de los seres queridos. Es comenzar una existencia distinta a la que Jesús tenía hasta ese momento. Es el “yo personal completo”, más allá de su solo cuerpo, su sola alma, su sola mente…, el que comienza a vivir de manera diferente, pero manteniendo su yo personal.

En el encuentro con Cristo resucitado, durante la fracción del pan, signo de la Eucaristía, es donde los discípulos de Emaús abandonaron su actitud pesimista de derrota y fracaso y pasaron a la alegría propia de quienes han experimentado que el fundamento de su vida es tan sólido que ni la muerte ha podido derrumbarlo.

En el hoy de los cristianos hay un momento único donde también es posible encontrarse con Jesús en persona; la eucaristía. En ella, el “yo personal e íntegro” de Jesús resucitado llega hasta nosotros. La imposibilidad de la participación física en la eucaristía durante estos días tan especiales que estamos viviendo, no puede ser para los discípulos de Jesús motivo de frustración, sino ocasión para alimentar el deseo y anhelo de poder volver a compartir, junto con toda la Iglesia de la que somos parte, el encuentro personal con Jesús Resucitado, que hace arder nuestro corazón con su palabra y parte para nosotros el pan. El encuentro personal con Jesús nos despojará de las vestiduras de duelo y abatimiento y nos pondrá el traje nuevo de la fiesta y la alegría, propio de los discípulos de Cristo que, corriendo, van hasta los hermanos para decirles: ¡es verdad! ¡Cristo ha resucitado y se ha hecho presente en mi vida!

Victoriano Montoya Villegas

Mostrar más

Publicaciones relacionadas

Mira también
Cerrar
Botón volver arriba
Cerrar
Cerrar
X