Comentario Bíblico Ciclo C

DOMINGO II TIEMPO ORDINARIO. Las bodas de Caná (Jn 2,1-11)

San Juan comienza la presentación de la actividad pública de Jesús mediante el relato del primer «signo» que Jesús realiza. El evangelista utiliza la expresión «signo» para designar lo que habitualmente llamamos «milagros de Jesús». Estos signos son predicación sin palabras. El mensaje de Cristo se explicita y se reafirma con las acciones que él realiza. Son acciones que revelan quién es verdaderamente Jesús, pero lo hacen de tal manera que no apabullan al ser humano, sino que le dejan plena libertad para elegir su postura ante Dios. El mismo evangelista dirá, más adelante, con tono de queja y tristeza, que a pesar de que Jesús realizó muchos signos, los judíos no creyeron en él. Tan acostumbrados como estamos en nuestro mundo a mensajes impositivos; política, redes sociales, publicidad… no debe dejar de sorprendernos que Dios siga presentándose como propuesta de plenitud a la que el ser humano puede rechazar. El verdadero amor siempre deja libertad.

Esta plenitud que Cristo ofrece al ser humano, aparece representada, en el fragmento evangélico, con una imagen tan ancestral como bíblica; el vino. Cristo no se limita a remediar la carencia de vino, por tanto, de vida y alegría, sino que da abundantemente estos dones. Dios siempre ofrece mucho más de lo necesario, mucho más de lo esperado. Aún más, no los ofrece como lo esperamos, sino que es mucho mejor. Por eso no es de extrañar que el jefe de los sirvientes, asombrado por lo que estaba sucediendo, llamó al novio para decirle: «tú has guardado el vino bueno para el final». Dios siempre sorprende al ser humano por su generosidad.

En la lectura del texto de san Juan, es necesario detenerse y contemplar las palabras que Cristo dirige a su Madre en ese diálogo que mantienen: «Mujer, ¿qué nos va a ti y a mí? Todavía no ha llegado mi hora». No es un reproche hacia ella, sino una reflexión para los discípulos futuros. María, la madre del Señor, acude a él en una situación de necesidad. Ella tiene esa libertad porque toda su vida está fundamentada en la amistad continua con Dios. La respuesta de Jesús es una advertencia para aquellos que vendrán después y quieren reducir su relación con Jesús solo a la solución de situaciones de necesidad, pero no quieren establecer un plan de vida con él. ¡Solucióname este problema… y te prometo que haré…! Es la reducción de Dios a un simple instrumento que sirve para solucionar un problema que los agobia, pero, sin embargo, Dios les parece un estorbo en los demás momentos de su vida.

 

Victoriano Montoya Villegas

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