Comentario Bíblico Ciclo B

DOMINGO II DEL TIEMPO ORDINARIO

«Venid y lo veréis»

A lo largo de los siglos, han sido muchos los maestros espirituales y santos que han comparado la vida cristiana con un camino que cada uno debe recorrer a su ritmo y de una manera concreta. Este fragmento del evangelio de san Juan nos habla del origen de ese camino, de la manera en que es posible recorrerlo y qué supone para la vida del cristiano.

El origen de la vida cristiana es siempre un encuentro personal con Jesucristo. Este encuentro siempre está mediado por un acontecimiento, pero sobre todo, por una persona. De la misma manera que Juan Bautista indicó a sus discípulos Juan y Andrés que Jesús era el «verdadero Cordero que quita el pecado del mundo», también cada cristiano ha sido llevado al encuentro de Cristo por otra persona; abuelos, padres, sacerdotes, catequistas… siempre ha habido alguien que ha marcado nuestro primer encuentro personal con Jesucristo. Pero esta guía no elimina la respuesta personal de cada uno. Indicar no significa imponer y la vida cristiana es respuesta personal a la invitación de Jesús a ser sus discípulos. No se puede ser cristiano por costumbre o tradición, sino solo porque hemos dicho sí a Cristo.

El relato nos muestra, también, la manera en que el cristiano puede recorrer su camino; crecer en la intimidad con Jesucristo. Cuando los primeros discípulos le preguntaron a Jesús: «Maestro, ¿dónde vives?», es decir, Maestro, háblanos de ti, muéstranos quién eres, enséñanos cómo hemos de vivir… la respuesta de Jesús: «venid y lo veréis», es una invitación a estar con Él. A ser cristiano no se aprende de manera aséptica y desde la distancia, sino compartiendo la vida con Jesús. Abriéndole las puertas de nuestra vida para que su gracia y su ejemplo nos iluminen en los momentos de nuestra vida. Viviendo con Jesús es como se aprende verdaderamente a recorrer el camino cristiano, pero solo es posible si crecemos en la intimidad con Él, escuchándolo y hablándole, alimentándonos con su palabra y su vida, creando una verdadera amistad con Él.

Esta apertura a vivir con Cristo, ¿qué supone para el cristiano? De una manera muy bella, el evangelista relata el encuentro de Jesús con el hermano de Andrés: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Pedro». En la tradición semita, el cambio del nombre supone el comienzo de una vida nueva. Responder a la invitación que Cristo nos hace a ser sus discípulos supone para el cristiano el comienzo de una nueva vida; la vida misma de Dios. Jesús nos hace partícipes de su realeza, que es servicio, y también nos hace partícipes de su herencia; la vida eterna.

Victoriano Montoya Villegas

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