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DOMINGO I DE CUARESMA, por Ramón Carlos Rodriguez García

Dios quiere siempre salvarnos, y con Jesús esta salvación ha llegado para siempre

Lecturas: Gen 9, 8-15. Pacto de Dios con Noé liberado del diluvio de las aguas. Sal 24. R. Tus sendas, Señor, son misericordia y lealtad para los que guardan tu alianza. 1 Pe 3, 18-22. El bautismo que actualmente os está salvando. Mc 1, 12-15. Era tentado por Satanás, y los ángeles lo servían.

Esta semana acabamos de celebrar el Miércoles de Ceniza. Iniciamos así el camino cuaresmal, sendero que nos llevará al momento más importante de nuestra fe, la celebración de la muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. No podemos perder de vista la cima Pascual, para poder así disfrutar y crecer durante este cuaresmal itinerario. La Palabra de Dios y el ritmo litúrgico serán unos necesarios aliados para adentrarnos en este tiempo penitencial, donde la llamada a la conversión será constante. ¡Volvamos nuestro corazón hacia Dios!

Durante estos cinco domingos, la primera lectura nos presentará una serie de afortunadas catequesis sobre la “historia de la salvación”. Dios realiza y renueva constantemente una alianza que promueve la paz y la vida.  Noé inicia este periplo bajo la sombra del caos y la amenaza de la destrucción total. Dios se compromete con los hombres de una vez y para siempre como el garante de la vida que jamás pondrá en peligro. ¿Haremos también nosotros lo mismo? Este tiempo litúrgico es ideal para comenzar a trabajar por un mundo mejor.

También nosotros necesitamos la “sacudida” de aquel mismo Espíritu que empujó a Jesús al desierto. Allí permaneció cuarenta días, siendo tentado por Satanás. Descubrimos que está menos desierto de lo que pensábamos (Satanás, fieras, ángeles). Nos encontramos ante unas resonancias teológicas y no sólo geográficas. Para el pueblo de Israel es un espacio privilegiado donde sufrió el hambre y la sed, donde encontró innumerables enemigos, donde fue tentado y siempre sucumbió a la prueba. En medio de la desolación, aprendió a descubrir la presencia de un Dios siempre providente y atento a su sufrimiento. Donde el pueblo fue derrotado, Jesús vence. El mal queda condenado, herido de muerte por las manos del Señor. Este es un tiempo favorable…es tiempo de Salvación. ¿Qué quiere Jesús de mi? Los caminos de Dios no llevan al fracaso, sino a la plenitud de la ansiada felicidad.

Ramón Carlos Rodríguez García

Rector del Seminario

 

 

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