Comentario Bíblico Ciclo A

DOMINGO I DE ADVIENTO

Adviento, un tiempo preñado de salvación

Estamos viviendo unos meses calamitosos que quedarán grabados para siempre en nuestra memoria y nuestro corazón. Este terrible virus está poniendo a nuestra sociedad y a cada uno de nosotros en contacto con nuestra dimensión más frágil. Sin embargo, en medio de esta situación, se nos anima a mantener la esperanza y la ilusión. Como señal de que se acerca un acontecimiento especial, nuestras autoridades están instalando, como si nada ocurriese, el habitual alumbrado propio de la Navidad. Mas que un signo de fiesta, este año, esas luces se convierten en palabras proféticas: luz que rompe la noche.

En la Sagrada Escritura, la noche aparece con un valor doble. Por un lado, como representación de lo negativo; pecado, silencio, soledad, muerte. Por otro lado, aparece como el momento de las grandes intervenciones de Dios en favor de la humanidad. Es durante la noche cuando Israel fue sacado de la esclavitud de Egipto, fue el momento en que nació el Redentor del mundo y solo la noche fue testigo de la victoria de Jesucristo sobre el pecado y la muerte en la Resurrección.

Es posible que pensemos que estamos viviendo una noche en la que su sentido negativo alcanza toda su plenitud. Pero en medio de esta noche, resuenan las palabras de Jesús que nos transmite el evangelista san Marcos: «lo que os digo a vosotros lo digo a todos: ¡Velad!». Así, el Señor Jesús llama a los cristianos de todos los tiempos que están viviendo en situación de noche a no dejarse arrastrar por la tentación del «sueño», que no es otra cosa que olvidar que Dios realiza sus grandes obras en medio de las «noches» de la humanidad.

Cristo llama a sus discípulos no solo a esperar a que pase la noche, sino a que estén vigilantes. Es decir, a que se conviertan en pequeñas luces que, aunque sea pálidamente, rompan la oscuridad de la noche. También, es el mismo Jesús quien dice a sus discípulos cómo han de hacerlo: cumpliendo cada uno con la tarea encomendada. Jesucristo enseña a sus discípulos que la vivencia de las tareas cotidianas con amor y como ofrenda a Dios, los convertirá a todos en pequeñas luces que velan en medio de las dificultades de las noches que se presentan en el mundo. No pide obras portentosas, sino que cada obra cotidiana, como las encargadas por el hombre que se marchó de viaje a sus sirvientes, según la parábola, se realicen como verdadera muestra de amor a Dios.

¡Velad! manda Jesús a sus discípulos. Si el cristiano permanece en vela podrá ver la mano poderosa de Dios rompiendo la noche y realizando su salvación.

Victoriano Montoya Villegas

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