Comentario Bíblico Ciclo B

DOMINGO DE CRISTO REY

Dos planos de lenguaje diferentes

Es muy habitual oír a las personas comentar que no entienden a los jóvenes cuando hablan. Es cierto que jóvenes y adultos utilizan el mismo idioma, pero sus lenguajes son diferentes. No se trata solo de que utilicen palabras específicas, sino que hablan desde planos de la realidad diferentes. Lo que es claro y evidente para unos, es duda y temor para otros. La certeza de unos es incertidumbre para los otros… Estos planos de lenguaje distintos, que imposibilitan la verdadera comunicación, aparecen perfectamente representados por la conversación que mantienen Jesús y Pilato en este fragmento del evangelio.

A lo largo de los relatos evangélicos, son abundantes los fragmentos en los que Jesús es aclamado como un rey; tras un gran signo, tras la exposición de su enseñanza, en su entrada mesiánica en Jerusalén… Pero en la fiesta litúrgica de Cristo Rey, el fragmento evangélico que la Iglesia propone es este en el que Jesús aparece maniatado e indefenso ante el procurador Pilato. En este contexto se produce un diálogo que está condenado a no llegar a ningún entendimiento, puesto que los planos del lenguaje son distintos. Uno habla desde la humildad de la entrega; el otro, desde la plenitud de la vanagloria del poder humano.

En el epílogo de su vida terrena, Jesús experimenta, nuevamente, lo ya vivido en muchas otras ocasiones a lo largo de su ministerio público. Su mensaje no es comprendido, no por falta de claridad, sino porque quien lo escucha está inmerso en el lenguaje del mundo, donde Dios parece solo un accesorio intrascendente, mientras que Jesús habla el lenguaje de Dios, donde la importancia del ser humano no reside en sí mismo, sino en su vinculación con el Autor de la Vida. Esta es la verdad de la cual Jesús da testimonio y por la que ha venido al mundo.

Aunque el diálogo mantenido entre Jesús y el procurador romano fuera infructuoso para Pilato, no puede serlo para el cristiano. En estas preguntas y respuestas es posible descubrir que hay dos planos del lenguaje desde el que leer la propia vida: la perspectiva del lenguaje del mundo, donde a la persona se le comprende solo desde la soberbia del egoísmo y la vanagloria; y la perspectiva de Jesucristo, donde la realeza se mide por la humildad y la entrega de sí mismo en favor de los demás. Afrontar la vida desde la perspectiva humana puede llevar a alcanzar algún éxito transitorio. Recorrer la vida desde el lenguaje de Dios asegura el triunfo definitivo y vida en plenitud.

Victoriano Montoya Villegas

 

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