La Mirada de la Fe

  • EN MI FRACASO

    Una de mis escenas preferidas del cine español la protagoniza Carmen Maura: Pepa, en Mujeres al borde de un ataque de nervios, le pide el teléfono de Iván (su imposible amor) a su secretaria. Loles León, quien le dice con desgarro: “¡Pepa, que te vas a poner en evidencia!” y ella, con ese sabio dramatismo almodovariano, le contesta: “Tantas veces me he puesto en evidencia, que una vez más, no importa”. Es la historia de un fracaso, de un amor por el que ha luchado pero que se le escapa de las manos y le rompe el corazón. Es, en parte, el reflejo de nuestra historia de fracasos. Todos hemos experimentado cómo hemos bregado, luchado, y puesto todo lo mejor de nosotros por un proyecto que resultó fallido. A veces, una rota historia de amor; otras una decepción profesional; en ocasiones, una amistad…

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  • MI QUERIDA CHAQUETA

    Hace unos días fui a visitar a un amigo jesuita a su nueva comunidad de Nador. Una Iglesia profética y sencilla, con apenas unas decenas de cristianos (en su mayoría sacerdotes y religiosas) que lleva una encomiable labor social y testimonial en aquel norte africano. A la vuelta de Alhucemas, en un cochambroso autobús, dejé olvidada mi chaqueta. Pero no una chaqueta cualquiera, sino esa prenda que todo el mundo tenemos que no nos quitamos de encima a pesar de tener otras 10 en el armario. Disgustado por mi olvido, y sin ninguna esperanza, fui a la estación de autobuses por si podía recuperarla. La misión era más imposible que la de Tom Cruise. En una destartalada estación de autobuses en la que nadie hablaba ni un poco de francés, pretendíamos que alguien nos devolviera una chaqueta olvidada. Fuimos a…

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  • AMOR QUE NO SE RINDE…

    El gran León Tolstói dice en Anna Karenina que “todas las familias felices se parecen entre sí; las infelices son desgraciadas en su propia manera”. Y es cierto que cada familia alberga un drama que la hace distinta, que la hace única.  Una de las tragedias más frecuentes en nuestra sociedad actual es el mundo de las adicciones. No es difícil iniciar una conversación íntima con amigos sobre la historia de algún tipo de adicción en el seno de su familia y tener respuesta de otros que también puedan contar algún caso. La familia que vive el drama de las adicciones se tiene que enfrentar a las mentiras del hijo, a la degradación física y moral del padre, al alejamiento de los hermanos que intentan reconducirle, a la ruina económica… en definitiva, a la desesperación de ver que es “imposible”…

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  • El HERMANO COMPARADOR

    Andamos siempre comparando. Comparamos unas ciudades con otras: “Málaga sí que está bien comunicada y tiene ofertas culturales y turísticas”. Comparamos sistemas educativos: “En Dinamarca sí que se educan bien a los niños”. Comparamos restaurantes, parroquias, tiempos pasados y presentes, y lo más peligroso, comparamos a las personas y el amor que recibimos de los otros. Percibo en muchas ocasiones (no sé si por un Edipo mal asumido) demasiada atención en cómo es el trato del jefe para unos y otros empleados; la atención especial del párroco sobre algún grupo frente a otro; la mirada preferida de los padres sobre alguno de los hijos. Y cómo esa mirada, según nuestro parecer, diferenciada, produce mucho dolor e insatisfacción. El hombre viejo compara constantemente porque lo que hay de fondo es una no aceptación de uno mismo. Porque necesita una “confirmación” de lo que…

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  • LA IMPACIENCIA DEL DOBLE CHECK

    Hace años leía un artículo de Juan José Millás en el País que describía muy bien un nuevo síntoma de la sociedad contemporánea: la impaciencia. Contaba de manera poética cómo hace solo unas décadas, desde que pasaban las cosas hasta que podíamos transmitirlas, tenían que pasar días, a veces, meses. Algún misionero amigo me contaba, que se enteró de la muerte de su madre tres meses después. Escribir una carta suponía tener un tiempo para redactarla, llevarla al correo, ser enviada y más tarde recibida. En cambio, en la era de los móviles todo se hace al instante: acción-reacción. Los sentimientos, las emociones, los juicios de valor y nuestras respuestas necesitan, a veces, un tiempo de maduración y reposo. Porque la primera respuesta no siempre es la más auténtica, ni la más razonable, y si me apuráis, la más conveniente.…

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  • EL AÑO DE LA ESCUCHA

    No, no me he equivocado. Ya sé que el Papa Francisco convocó recientemente el Año Santo de la Misericordia pero les decía a mi gente el domingo pasado en la homilía que voy a escribir una cartita al Vaticano (¡no sé el caso que me harán!) para que se convoque el año de la escucha. Y lo digo por lo que veo a mi alrededor y por las necesidades que voy descubriendo. Lo que veo a mi alrededor, es una sociedad que no escucha. La mayoría de las interacciones entre amigas, compañeros, o hermanos son la de dos personas que hablan sucesivamente pero que ninguna de las dos escucha. Por decirlo de una manera gráfica podría describirlas así: “Mira Isabel, desde hace días me duele el estómago”, y sin dilación, de manera instantánea, Mercedes responderá: “yo llevo de un tiempo para acá…

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  • SOLEDAD HABITADA

    Reconozco, con cierto pudor, que a veces veo antes de irme a mis quehaceres vespertinos, el programa de Juan y Medio. Nuestro paisano tiene “chispa” y creo que es respetuoso con ese muestrario de vidas rotas que “buscan compañía”. Todos los invitados al programa, sin excepción, repiten un “lugar común” que se ha instalado en nuestra sociedad: “lo peor de la vida es estar sólo”. Cuando lo afirman, todos los asistentes como público, el mismo presentador, y la mayoría de los televidentes, asienten como si fuera una verdad infalible, una evidencia. Es cierto que muchas personas se sienten solas. Una soledad que brota del drama humano de no sentirse amado o de no haber gestionado bien sus afectos o de la pérdida de seres queridos. La compañía, la hermandad, el amor y la amistad son, sin duda, un regalo y una…

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  • MÁSCARAS SIN CARNAVAL

    Debe ser un trauma infantil (esto suena muy literario) pero detesto el carnaval. No tengo nada en contra, y sé que hay mucha gente que siente pasión y pone mucho talento, y se divierte en estas fechas en las que nos ponemos una careta y salimos a la calle a ser un “personaje” distinto del que somos habitualmente. Aunque mucho me temo que la careta sigue puesta sin ser carnaval. En carnaval no hay más que la fachada que uno quiere mostrar. Pero es una potente metáfora de cómo a veces podemos vivir. Me disfrazo de fuerte cuando me sé frágil. Aparento ser duro aunque estoy quebrado por dentro. Muestro seguridad cuando en el fondo tengo mil miedos y me he llegado a disfrazar de “super madre”, o “cura perfecto” o “Don tengo-todo-controlado”. Ya los actores del antiguo teatro griego…

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  • EL DIFÍCIL ARTE DE CORREGIR

    O yo he tenido mala suerte o nunca he “acertado” con las palabras justas para corregir al otro. De hecho ya casi me he dado por vencido. Cuando he tenido que corregir a alguien de mi entorno, siempre ha acabado en “drama”: sentir que tus palabras eran ofensivas, o inoportunas, o faltas de veracidad. Y como siempre hay que mirar las cosas desde el espejo: a mí no me ha hecho gracia cuando me han corregido. Cuando el jefe te dice que no estás dando todo lo que podías, o tu esposa te sugiere que te estás poniendo “fondón” o que estás empezando a ser egoísta en tu forma de hacer… jamás respondemos con un:- “es verdad, tendría que hacérmelo mirar, voy a tratar de corregirme”-. Todos sacamos nuestra “artillería dialéctica” cuando alguien nos interpela, nos corrige o nos previene…

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  • APRENDER A ESCUCHAR A NUESTRO CUERPO

    Sensación de cansancio permanente, jaquecas o acidez, falta de sueño o de brío, son algunas de las sensaciones que, seguramente, en el último mes hemos experimentado. Esta sociedad está cansada y esto lo digo desde mi propia experiencia (Y mucho me temo, querido lector, que desde la tuya también). Y no es sólo cuestión de cumplir años: también les duele el estómago a las de 20, o la cabeza a los de 30 y empiezan a perder el sueño los de 40… En los últimos años se ha avanzado mucho en la toma de conciencia de las repercusiones somáticas de los desórdenes físicos y psíquicos. No soy médico, ni quiero meterme en temas estrictamente biológicos, pero desde mi mirada sociológica y creyente, no me cabe duda de que hay una “plaga de cansancio” en nuestras sociedades occidentales. Dicen los expertos…

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