La Mirada de la FeNoticiasRamón Bogas Crespo

BREVE MANUAL PARA INDECISOS

Cuánto nos cuesta decidir a los indecisos. Si ya es difícil elegir entre una camisa y otra, imagínate para cosas importantes. Pero no queda más remedio. La vida está llena de decisiones que marcarán nuestro destino, y mucho me temo que también nuestra felicidad. ¿Me caso con este?¿Me voy del pueblo a vivir a la ciudad?¿Me comprometo con esta causa?¿Me separo?¿Me quedo a cuidar de mi madre o sigo viviendo mi vida? En el artículo de hoy, me atrevo a darte algunos consejos. Eso sí, la decisión final es tuya.

El primer consejo es sigue tu instinto, no las convenciones sociales. No siempre hacer caso al qué dirán, a lo que está mandado es lo correcto. San Ignacio hablaba de unas mociones, es decir, una sensación interior que uno experimenta cuando tiene delante dos opciones. Una te producirá tristeza, desazón, hastío, inquietud (a eso le llamará desolación). En cambio, la otra alegría, paz, ánimo, tranquilidad… será esta la consolación. Ahí está Dios hablándote. Escúchalo.

Cuidado con los auto-engaños. Hay que elegir con cabeza. Ser honesto consigo mismo y no hacerse trampas al solitario. En muchas de nuestras decisiones pueden primar, de manera inconsciente, nuestros miedos, complejos, apegos afectivos… ¡Cuidado! No suelen ser buenos consejeros. Solo una decisión libre de una persona adulta que no tiene apegos es una buena decisión. Elegir por razones espurias y luego buscar justificaciones y adornarlo con argumentos excelsos (Ej. “Lo hago por tu bien, es lo mejor para todos”) es trampa. Somos especialistas en envolver nuestras pequeñas miserias con un lazo de “amor y entrega a la humanidad”.

Déjate acompañar. El ciego, caminando solo, se caerá por el precipicio muy decidido en ir por el camino correcto. No necesitamos a un consejero (huye de ellos, no suelen vivir lo que aconsejan) sino un compañero de camino, un espejo que te refleje lo que estás haciendo y viviendo. San Ignacio era muy consciente de los engaños y desenfoques que se pueden dar (y se dan) al caminar solos. Hay que dejarse acompañar por otra persona o una comunidad.

Sé humilde. No lo sabes todo, no lo tienes todo tan claro. Vamos a tientas y muchas veces nos equivocamos. Elegir no es una tarea fácil. En la mayoría de las ocasiones, no lo tendrás que hacer entre el “bien” o el “mal”, sino entre dos cosas buenas (Ej. Cuidar a tus padres o aceptar aquél fantástico trabajo fuera de la ciudad). Solo una es la que Dios quiere. Ahí radicará la dificultad de la decisión.

La vida nos pone, en muchas ocasiones, entre la espada y la pared. En el difícil proceso de elegir, los creyentes tenemos que aprender a poner a DIOS EN NUESTRAS DECISIONES. Y no porque queramos “subir nota” para llegar al Cielo, sino porque en elegir lo que Dios quiere para nosotros, radica nuestra felicidad. Mientras tanto, caminaré entre indecisiones, volveré a tomar decisiones erróneas, seguiré arrepintiéndome de aquello que dejé escapar… Así de desastre soy, y así me quieres, Señor.

Ramón Bogas Crespo

Director de la oficina de comunicación del obispado de Almería

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