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ASCENSIÓN DEL SEÑOR, por Ramón Carlos Rodríguez García

Jesús lo que promete lo cumple generosamente

Lecturas: Hch 1, 1-11. A la vista de ellos, fue elevado al cielo. Sal 46. R. Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas. Ef 1, 17-23. Lo sentó a su derecha en el cielo. o bien: Ef 4, 1-13. A la medida de Cristo en su plenitud. Mc 16, 15-20. Fue llevado al cielo y se sentó́ a la derecha de Dios.

La fiesta de la Ascensión revela que el tiempo litúrgico de la Pascua está finalizando. Sin embargo, la experiencia de encuentro con el Resucitado se intensifica domingo tras domingo. La donación del Espíritu Santo fortalecerá y sellará está unión que la Sagrada Liturgia celebra y comparte. Esta “aparente” despedida se traduce para los discípulos de todos los tiempos en Buena Noticia y en compromiso. La Iglesia comienza a caminar con la misión de anunciar el Evangelio, alentada por las palabras de su Señor. La comunidad se convierte en artífice de fraternidad en medio de la siempre convulsa historia de la humanidad. La misión conlleva aspectos de redención.

La primera señal de una evangelización al modo de Jesús es expulsar demonios en su nombre. Una fe que no libera no ensancha el horizonte del que ansía libertad o de quien la olvidó bajo el espejismo de la comodidad o le fue ultrajada bajo el paraguas del sufrimiento. El devenir de la misión ha de sanar a una humanidad enferma que padece, incluso sin saberlo cansancio y desilusión. Desgranar la realidad del Evangelio en nuestro mundo mitiga el sufrimiento e incluye en nuestro itinerario vital una vida dichosa y plena.

Frente a una civilización que pretende construirse con los cimientos del poder y la insolidaridad, siempre aderezados con arrebatos de violencia, se presenta una verdadera alternativa guiada por la fuerza del Resucitado que se ha quedado entre nosotros. Ascender no es huir. La verdadera Ascensión consiste en aprender a mirar a quien te acompaña en el camino, a quienes la vida ha arrojado del camino y a quienes se han perdido por el camino. La advertencia de no quedarse mirando al cielo nos ayuda a descubrir a Cristo entre los hombres que habitan en el suelo. Otros lo hicieron posible…ahora nos toca a nosotros: Vayamos al mundo entero y proclamemos el Evangelio.

Ramón Carlos Rodríguez García

Rector del Seminario

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