La Mirada de la FeManuel Pozo Oller

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Al poner en marcha el ordenador con la intención de escribir estas líneas mi mirada se fija en el reciente libro publicado por el profesor Dr. D. Antonio Rodríguez Carmona, que lleva por título “Salió el sembrador a sembrar” (octubre 2018). Contemplo su portada con verdadera admiración por la labor de este sacerdote octogenario, catedrático emérito de Sagrada Escritura en la Facultad de Teología de Cartuja en Granada. Más me admira que en este momento de ancianidad se halle en plena fecundidad intelectual enfrascado en múltiples proyectos venciendo las limitaciones propias de la edad al tiempo que continuamente nos sorprende con nuevos proyectos y trabajos para el futuro.

La pantalla de mi ordenador me da la bienvenida y me recuerda que debo ocuparme de la tarea de rellenar los caracteres que el periódico me confía para esta colaboración al comienzo del tiempo litúrgico del Adviento. Lo tengo fácil si repito las cíclicas obviedades de este tiempo litúrgico trayendo a colación un año más el significado del color litúrgico, los profetas que anunciaron el nacimiento de Jesús, la corona, y otros tantos recursos catequético-pastorales. Pero, después del inicio de este artículo, me apetece más mirar al futuro y hablar de los signos de esperanza que, como el caso del anciano profesor, encontramos en nuestro entorno. Adrede, por tanto, dejo para los grupos de animación litúrgica y catequesis de las parroquias y comunidades la preparación y apoyo de las celebraciones.

Seamos optimistas. Abramos los ojos. Es fácil encontrar personas que con su ejemplo nos estimulan para vivir la esperanza al tiempo que son una llamada permanente a la renovación de nuestros sentimientos y cambio de nuestras actitudes. Aprendamos de la Palabra de Dios donde la esperanza no sólo es espera, sino expectación y confianza. El grito del profeta nos invita a “Preparad el camino al Señor” construyendo caminos de justicia, de esperanza, de vida, de fe y de amor, por los que pase el Señor, haciendo posible vivir en esperanza.

Invito a mis lectores a hacer el propósito firme de disponer la mente y el corazón para acoger a Jesús, el Hijo de Dios, que nació sin techo, llamó a las puertas de la ciudad de Belén sin éxito y en los primeros días de su existencia terrenal fue emigrante-exiliado. La contemplación del misterio de Aquél que ocupó el último lugar y el compromiso por hacer un mundo nuevo, sin duda, han sido la luz de esperanza que han guiado a nuestro sacerdote-profesor durante toda una vida y ahora son signo para las generaciones que seguimos sus huellas.

Manuel Pozo Oller

Vicario de Pastoral y del Clero

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