DE PARÍS A GALILEA, por Jesús Martín Gómez

«La libertad, la igualdad y la fraternidad no son simples palabras grabadas en los frontones de sus edificios públicos». Son palabras del Papa León ante los líderes franceses en el Palacio del Eliseo. Además, añadió que estas palabras representan «exigencias éticas universales» que encuentran «también en el mensaje evangélico una fuente inagotable de inspiración y plenitud».
El Papa nos está animando a leer el lema republicano desde una concepción de la persona que hunde sus raíces en el mismo Evangelio, un retorno a los orígenes, una vuelta a Galilea para recobrar la vida de este lema. Sin la historia de Francia y de Europa, de sus pensadores, de su filosofía o de su fe, nunca hubieran llegado a cuajar estas palabras que son un eco de las mismas enseñanzas de Cristo.
Una libertad para buscar el bien y la verdad. La apuesta decidida por responder a una búsqueda profunda de sentido, vivida como un servicio y no solo como la ausencia de límites. Que nos haga descubrir la verdad como fuente de toda libertad y la educación de la conciencia como la forma eficaz de optar siempre por el bien, como vía para el desarrollo de la propia humanidad. La verdad os hará libres (Jn 8, 32).
La igualdad que no suprima la diferencia entre las personas. Aunque el lema original rezase “propiedad”, como fuente de toda igualdad social, ha ido dejando lugar poco a poco a la fórmula que todos conocemos. Esta igualdad se fundamenta en la dignidad inalienable de cada ser humano. Para que ninguna diferencia de origen, condición, capacidad o circunstancia nos haga diferentes. Porque todos somos uno en Cristo Jesús (Gal 3,28).
Lejos de las expresiones legales, la fraternidad, en cambio, exige una relación con el otro. Porque el prójimo no es solamente un ciudadano con los mismos derechos que yo. El otro es alguien cuya propia dignidad me llama a amarlo, a descubrirlo como hermano (Mt 23, 8), a ejercer sobre él una cierta responsabilidad que va más allá de la ley. En la fraternidad es donde el Evangelio deja de ser una decoración añadida para convertirse en fuente de significado. Aquí es donde el lema deja la piedra para hacerse vida y tornarse carne.
Jesús Martín Gómez
Párroco de Vera





