Cartas a los Diocesanos

«Ven a tu casa, te necesita»

Carta a los diocesanos con motivo de Campaña anual «Pro templo parroquial»

Queridos diocesanos:

La vuelta a la celebración del culto en la iglesia parroquial, particularmente de la santa Misa, nos devuelve a la más importante manifestación de la vida diocesana. Es verdad que la pandemia todavía no ha cesado y que será preciso durante tiempo poner el mayor cuidado, como lo estamos haciendo, para poder acudir a la iglesia. Si se hace bien, no hay por qué quedarse en casa, porque la vida cristiana necesita de la asamblea litúrgica de cada domingo; porque, dice el Catecismo de la Iglesia Católica: «es toda la comunidad, el Cuerpo de Cristo unido a su Cabeza quien celebra»[1], y añade lo que ya dijo el Concilio: «Las acciones litúrgicas no son privadas, sino celebraciones de la Iglesia, que es “sacramento de unidada”, esto es, pueblo santo, congregado y ordenado bajo la dirección de los obispos»[2].

No dejemos de recordar y tener presentes aquellas palabras del Vaticano II, con las que los padres conciliares manifestaban que la sagrada Liturgia es el centro y culmen de la vida cristiana, que como obra de Cristo sacerdote y de su Cuerpo, que es la Iglesia, acción sagrada a cuya eficacia con el mismo título y en el mismo grado no iguala ninguna otra acción de la Iglesia»[3]. Decían que todo en la evangelización tiende a lograr la conversión a Dios que en Jesucristo sale al encuentro del hombre, para ofrecerle su amistad.

Manifestándose en Jesucristo, «Dios invisible, movido por su desbordante caridad, habla a los hombres como amigos y trata con ellos para invitarlos a la comunión consigo y recibirlos en ella»[4]. Desde que el Señor fue glorificado se hace presente en la palabra del Evangelio que cada domingo se proclama en la Iglesia y en los sacramentos, que recibimos como don de gracia en el que se hace realidad para cada uno la salvación.

La campaña «pro templo parroquial» quiere golpear el corazón de cada diocesano. El lema de la campaña se acerca a aquellas palabras de Jesús crucificado que escuchó san Francisco al Cristo de san Damián en Asís, cuando rezaba ante él, en la iglesia derruida donde se encontraba: «Francisco, ve y repara mi casa, que ya ves que está toda en ruinas», y así comenzó el santo de Asís la obra renovadora de la Iglesia que Dios puso en marcha con la conversión de Francisco.

También nosotros necesitamos reparar los templos parroquiales como señal de que estamos empeñados en renovación espiritual de la Iglesia y la queremos presentar ante el mundo como obra de Cristo, Esposo que es de la Iglesia. La campaña diocesana en pro de las necesarias reparaciones de las iglesias parroquiales y de la construcción de algunas nuevas se inspira en la experiencia mística de san Francisco, y por eso este año suena así: «Ven a tu casa, te necesita». Hace poco os invitaba a leer última mi carta a los diocesanos exhortándoos a que, a pesar de la pandemia, volvierais a la iglesia. Hoy el cartel coloca a cada diocesano ante las campanas en un campanario ruinoso que llama a la reparación de la iglesia parroquial, inseparable de la renovación de la Iglesia comunidad de fe. Limpiamos el rostro de la comunidad eclesial, porque el Señor la quiso a su Iglesia como conviene a la Esposa de Cristo: «sin mancha ni arruga ni cosa parecida, sino que sea santa e inmaculada» (Ef 5,27).

Por lo mismo hacemos de nuestra iglesia parroquial la imagen de una comunidad santa, verdadero sacramento de Cristo ante el mundo, necesitado del signo de la Iglesia como prolongación de la llamada de Cristo a la conversión y nueva vida, y como presencia del hombre nuevo en un mundo viejo, necesitado de honda renovación, de un cambio que torne eficaz el testimonio de la fe ante el hombre de nuestro tiempo.

Las campanas de una torre que pide reparación son el símbolo de la llamada de la campaña de este año al mantenimiento sostenido de cada iglesia parroquial, un signo que nos llama a reparar la casa de la asamblea cristiana y el culto divino que la convierte en verdadera casa de Dios. Hemos construido algunas iglesias y restaurado otras, pero todos los años se acumulan ruegos y peticiones de ayuda para reparar la casa del Señor.

Con todo afecto y bendición.

Almería, 10 de agosto de 2020

+ Adolfo González Montes, Obispo de Almería

 

 

 

[1] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1140.

[2] Vaticano II, Constitución sobre la liturgia Sacrosanctum Concilium [SC], n. 11.

[3] SC, n. 7.

[4] Vaticano II, Constitución dogmática sobre la divina revelación Dei Verbum, n. 2.

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