Comentario Bíblico Ciclo C

DOMINGO I DE ADVIENTO

«Alzad la cabeza, Levantaos…»

Lc 21, 25-28: “…Levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación”

Comenzamos un nuevo adviento, tiempo de espera y esperanza, tiempo de luz, de gracia y conversión. La liturgia de la Palabra de estos días nos quiere asegurar que la salvación de Dios se abre paso en medio de las dificultades de la historia. El Señor tiene un plan de salvación para su pueblo y Él mismo lo lleva a cabo. En este primer domingo se nos propone una meta en nuestro ser discípulos: dejarnos alcanzar por ese amor que viene, por esa llamada a levantarnos y alzar la cabeza para vislumbrar la promesa de Dios, Él mismo en persona será nuestro Pastor.

Éste es el anuncio de Jeremías: Mirad que llegan días en que cumpliré mi promesa, suscitaré a David un vástago que traerá el derecho y la justicia. El profeta invita a alzar la mirada para descubrir como Dios no se olvida del caminar de su pueblo. Y en este horizonte anuncia, de parte de Dios, un rey de la estirpe de David que traerá el derecho y la justicia. Jeremías nos adelanta ya cómo es el corazón de Dios, un corazón misericordioso; un Dios que no se queda en la lejanía, sino que se acerca al hombre perdido.

El apóstol nos habla de estar preparados para este encuentro. Si Jeremías nos ha anunciado que Dios no se desentiende, de su pueblo, San Pablo, por su parte, nos exhorta a esforzarnos por mantenernos siempre irreprensibles para este momento. Y ¿cómo debe el hombre prepararse? «Rebosar en el amor mutuo». Sin duda es la verdadera actitud del cristiano ante los demás. No obstante el apóstol nos advierte que este amor no es conquista del hombre, sino ante todo don del mismo Dios:”Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo”. En el terreno del amor tenemos que llenar siempre las tinajas hasta arriba, no caben medidas ni cálculos; pero no somos nosotros la fuente, sólo la vasija donde, si estamos disponibles, Dios va a colmarnos y desbordarnos.

San Lucas en su evangelio anima igualmente a mantener viva esta esperanza en que Dios continuamente viene. El evangelista lo hace mediante una imagen que era muy conocida, la del Hijo del hombre. Esta figura pondría el fin de todos los sufrimientos y de todas las injusticias. Con esta imagen Lucas nos presenta a Jesús más como salvador que como juez, e insiste en su venida como momento de liberación. Y puesto que no es posible saber el «cuando» se impone saber el «como» hay que prepararse. Este primer domingo es, consiguientemente, una exhortación a la vigilancia, a estar de pie ante el Hijo del Hombre que se acerca a nuestra vida.

Por ello el Salmo, nos pide ser humildes y tener fija la mirada en el Dios que es «bueno y recto, misericordioso y leal», para dejar que sea Él mismo quien nos enseñe y acompañe en sus caminos, que no son otros que «misericordia y lealtad. Es esta una buena descripción de lo que en la vida del cristiano significa estar de pie.

 

Francisco Sáez Rozas

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