Comentario Bíblico Ciclo B

III DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO «Y el Señor sigue llamando»

Si nos preguntáramos sobre el núcleo de la predicación de Jesúscuál fue su mensaje, encontraríamos la respuesta en el evangelio que hoy leemos: «El plazo se ha cumplido, el Reino de Dios está cerca, convertíos y creed en el evangelio» (Mc 1,15). Mirando la historia del pueblo de Dios uno se encuentra con su marcha al exilio, donde experimenta la nostalgia de Dios y la profundidad de su pecado. Allí adquiere la convicción de que la salvación solo puede venir de Dios y de su iniciativa. Es este trasfondo de esperanza el que sirve de marco al anuncio de Jesús: el tiempo se ha cumplido, Dios ha decidido inaugurar su reino. La espera del pueblo ha encontrado su cumplimento en Cristo; en Él Dios ya actúa salvando. Y es éste el evangelio de Jesús, la “Buena Noticia” que hay que llevar a todos.

No obstante, esta oferta de salvación, que es puro don de Dios, requiere en nosotros una respuesta de acogida, que Jesús expresa en dos actitudes: la fe y la conversiónFe que implica aceptar la presencia salvadora de Dios en Cristo, de la que tengo que fiarme. Convertirse es dejarse modelar, una y otra vez, por Dios, es mirar nuestro camino, para ver si éste nos acerca o nos aleja de Dios. El Reino se ha hecho presente en Cristo, pero no es siempre el lugar hacia el que nos dirigimos, seducidos por la comodidad, lo placentero y lo material que nuestro mundo nos propone.

Es esta la tarea que hoy tenemos que continuar: anunciar que Cristo sigue transformando el corazón del hombre que se acerca a Él, para salvarlo. Y no es una tarea fácil. No faltan voces que dicen que, ante una sociedad que le ha dado la espalda a Dios, no es el mejor momento. Convendría esperar situaciones mejores. Pero tampoco Jesús comienza en el mejor momento. Juan el bautista es detenido y su voz silenciada; es entonces cuando comienza a predicar. No busca la facilidad de un auditorio entregado a su mensaje, ni pospone el comienzo de su misión a ocasiones mejores.

Tampoco elige Jesús el lugar más idóneo. No comienza en Jerusalén, centro religioso del momento, sino en las afueras, en Galilea. La buena noticia resuena en la periferia, allí donde hay soledad y heridas en el hombre; allí donde se da la pobreza y el pecado, es donde hay que hacer presente la misericordia como aquella acción concreta del amor que, perdonando, trasforma y cambia la vida. El Reino de Dios no sigue el trazado de los mapas, donde hay un hombre, allí hay una posibilidad para el Reino.

Y para llevar a cabo esta misión, llama a unos hombres en los que seguramente nosotros no nos habríamos fijado, unos pescadores. Tampoco acomoda el mensaje a lo que la gente quiere escuchar.  A ellos no les presenta una doctrina que aprender, sino un camino que seguir: predicar y curar en su nombre. Como a ellos, también a nosotros el Señor nos llama a predicar y a curar, a anunciar su reino, sin cálculos de si es este el momento adecuado o el lugar idóneo. Aquellos primeros discípulos lo dejaron todo para seguirle, hoy es a nosotros a quien nos toca responder.

Francisco Sáez Rozas

Párroco de Santa María de los Ángeles

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