Comentario Bíblico Ciclo C

DOMINGO XXXI DEL TIEMPO ORDINARIO

Cuando hay que pasar de los propósitos a la acción

Durante los últimos domingos hemos venido leyendo distintas parábolas propuestas por Jesús y recogidas por el evangelista san Lucas. Hoy nos encontramos con la descripción de uno de esos muchos encuentros que Cristo tuvo con distintas personas a lo largo de su ministerio público. Sin embargo, puede afirmarse que este pasaje del evangelio de hoy completa la parábola del fariseo y el publicano que escuchábamos el domingo pasado. Al mismo tiempo, la parábola ilumina la situación que aquí se describe.

Relata el evangelista el encuentro que se produce entre Jesús y un hombre llamado Zaqueo. La presentación de este hombre que realiza san Lucas es interesante y no exenta de un toque de humor. Dice de él que era jefe de publicanos, muy rico y de baja estatura. Quizá el evangelista pretenda transmitir la idea de que el dinero no constituye por sí mismo la garantía de una vida plena.

En la parábola del domingo pasado, el publicano reconocía la pequeñez de su persona y la necesidad constante de la misericordia de Dios como fundamento de la propia existencia. En el encuentro entre Jesús y Zaqueo que relata el evangelio de hoy, se nos muestra cómo es necesario dar un paso más. En la vida del cristiano no bastan los buenos propósitos. En el momento en que Jesús pide a aquel hombre «pequeño» que lo reciba en su casa, se produce un cambio radical en su vida. Todo encuentro con Jesús transforma la existencia. Si no es así, es que el encuentro con Cristo se ha quedado en el ámbito de las ideas, pero no ha llegado hasta la vida.

Zaqueo, igual que el publicano de la parábola, sintió que el amor de Dios no hace acepción de personas. Que Él nos ama por nosotros mismos. Es ese amor que cala hasta los más profundo del ser lo que llevó a Zaqueo a intentar responder de la misma manera. Lo hizo con lo que tenía; su dinero. Aquel publicano experimentó un amor tan grande y tan profundo que intentó reproducirlo sobrepasando lo que humanamente ya se comprendería como adecuado.

La experiencia de Zaqueo no es única. A lo largo de la historia de la humanidad, el encuentro con Cristo ha cambiado multitud de vidas. Cada una de esas personas ha respondido a Dios con lo que eran y tenían. A cambio, han recibido aquello que lo material no puede comprar; plenitud de vida, felicidad y esperanza. Cuando Cristo se acerca a nuestra vida, como lo hizo con Zaqueo, podemos pasar de largo y no invitarle a nuestra casa, pero lo que perderemos es todo lo verdaderamente importante.

Victoriano Montoya Villegas

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