Comentario Bíblico Ciclo A

DOMINGO XXV DEL TIEMPO ORDINARIO

La verdadera paga es haber sido llamados

Dentro del mundo anglosajón existe un dicho: «el césped del vecino siempre parece más verde». Con ello se quiere expresar la tendencia que existe en nosotros a mirar con cierta envidia la vida de los demás. Esto ocurre por dos motivos. El primero, considerar que nosotros siempre merecemos más, mientras que los demás son agasajados más de lo merecido. El segundo es que tendemos a contemplar nuestra vida solo desde la perspectiva de la carencia. Es decir, fijarnos más en aquello que creemos que nos falta y no fijarnos en todo lo que tenemos.

El evangelio de hoy vuelve a presentar una parábola propuesta por Jesús a sus discípulos. Jesús habla así a sus discípulos justo antes de anunciarle el destino trágico que le espera y de entrar en Jerusalén para que se cumpla su entrega definitiva en favor de la humanidad. Este contexto nos permite comprender esta parábola más allá del solo anuncio de una recompensa futura, puesto que esta comprensión dejaría la vida reducida a una simple espera que solo tendría sentido si el resultado final es positivo y, si miramos el final de la vida de Cristo, parecería que su vida sería una vida vacía porque termina en el fracaso aparente de la cruz.

Más allá del utilitarismo propio de nuestra sociedad, que valora todo según el resultado que se obtenga, la parábola de Jesús nos invita a valorar todo el camino recorrido y no solo la meta alcanzada. Los trabajadores de la parábola no fueron capaces de comprender que la verdadera recompensa no es recibir el salario final, sino el haber sido llamados a trabajar en la viña. Traduciendo a nuestra vida, nuestra riqueza no es el futuro que nos espera. Ese será la corona final. Nuestro verdadero tesoro es que Dios se ha fijado en nosotros y nos ha llamado a que recorramos la vida junto a Él y siguiendo el camino que Él nos indica. Por eso, para el cristiano, recorrer la vida en un camino o en otro, de una manera u otra, siempre que sea el camino y la manera señalada por Dios, es el verdadero pago y plenitud de nuestra existencia. El comienzo de la santidad consiste en reconocer que a pesar de la desigualdad de nuestras vidas, nada nos falta si Dios está con nosotros.

Contemplar la vida de esta manera, viviendo el presente como verdadero don y aguardando el futuro como sobreabundancia, no volveremos a mirar nuestra vida desde la perspectiva de la carencia ni se nos esfumará ningún momento por estar esperando solo la paga final. Dios se ha fijado en nosotros, nos ha llamado y nos invita a que recorramos la vida junto a Él. Este es nuestra verdadera y mejor paga.

Victoriano Montoya Villegas

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