Comentario Bíblico Ciclo ANoticias

DOMINGO VI DE PASCUA, por Manuel Pozo Oller

Amar y más amar

El texto evangélico de este domingo VI de Pascua (Jn 14,15-21) comienza con un mensaje que bien podría ser la leyenda de una pancarta: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos» (v. 15). El slogan, que se repetirá en el texto de cuatro maneras distintas, sitúa al lector en una relación mística con Dios propia del enamorado. Santa Teresa de Jesús nos acerca a esta realidad de encuentro amoroso cuando describe en su poema lírico, Coloquio amoroso, que nuestro pobre amor es respuesta al amor infinito de Dios: «Si el amor que me tenéis, / Dios mío, es como el que os tengo, / Decidme: ¿en qué me detengo? / O Vos, ¿en qué os detenéis? / Alma, ¿qué quieres de mí?».

La respuesta a la pregunta ¿qué quieres de mí?, es una aventura, un itinerario de amor: «Un alma en Dios escondida / ¿qué tiene que desear, / sino amar y más amar, / en amor toda escondida tornarte de nuevo a amar?». Desde esta experiencia de amor, en la dinámica revolucionaria del mandamiento nuevo, hemos de entender el resto de “mandamientos”.

En este contexto hay que situar la novedad de Jesús que intercede ante Dios como Padre con toda la novedad que este apelativo aporta para que conceda a la comunidad de discípulos «otro Defensor». En el contexto de este discurso de despedida Jesús anuncia a los suyos que nos les dejará huérfanos ni a la comunidad desamparada. La vida nueva de Cristo resucitado se comunicará a la Iglesia por medio del Espíritu Santo, de ahí que Jesús «pedirá al Padre que os dé otro Defensor que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad» (vv. 16-17). El calificativo «otro» expresa de modo perfecto la continuidad con la misión de Jesucristo que llevará a cabo el Espíritu Santo con resultado diverso. El mundo no le recibe porque «no lo ve ni lo conoce». Por el contrario, los discípulos «ven», porque participan de la vida misma de Jesús.

El amor de Dios, a diferencia a veces del amor humano, es correspondido siempre: «al que me ama, lo amará mi Padre, y yo también le amaré» (v. 22). La búsqueda de Dios se reorienta desde la novedad del anuncio de Jesús. Ya no hay que buscar a Dios ni lejos ni fuera. El nuevo santuario se ubica en el corazón humano y las relaciones con Dios y los hermanos huelen a hogar y a hogaza en torno al fuego donde se goza de la relación cordial paterno-filial.

El Señor hoy nos invita a abrir nuestros corazones al don del Espíritu Santo, el permanece para siempre en la comunidad, nos guía, enseña y recuerda todo lo que el Señor nos dijo.

Manuel Pozo Oller

Párroco de Montserrat

 

 

 

 

 

 

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