Comentario Bíblico Ciclo A

DOMINGO VI DE PASCUA

Obras son amores… dice el refrán

Por la complicada situación que estamos viviendo, se ha vuelto habitual una imagen que hasta ahora nos hubiese resultado muy extraña: una persona, embutida en una especie de traje de plástico que “apunta” a otra persona con un aparato, como un mando de televisión antiguo, a la frente. Desde hace siglos, se sabe que la temperatura corporal es un síntoma claro del estado que está atravesando el cuerpo. Sin embargo, no hace tanto tiempo que se pudo medir esa temperatura corporal con exactitud gracias a los termómetros, lo que supuso un avance importante, puesto que sacaba del ámbito de la mera percepción personal el estado de salud de la persona.

El fragmento del evangelio de san Juan que la Iglesia nos presenta hoy, comienza y termina con una exhortación rotunda de parte de Jesucristo: amar a Dios significa cumplir sus mandamientos.    La exaltación idealista del concepto “libertad”, propia de nuestro tiempo, en ocasiones ha podido llevar a una comprensión errónea del concepto “mandamiento”, puesto que se ha intentado identificar los mandamientos de Dios con la idea humana de prohibición. Muy al contrario, lejos de cualquier servilismo, cuando Jesús muestra como camino de vida el cumplimiento de los mandamientos, los propone como verdadera prueba de amor a Dios más allá de cualquier subjetivismo, de la misma manera que hace el termómetro con la fiebre.

Ser cristiano significa vivir alejados de dos tentaciones; por un lado, el voluntarismo y, por otro, el idealismo romántico. Recorrer el camino de la vida teniendo como balizas que guían nuestro caminar los mandamientos propuestos por Jesús, nos libera de la tentación de reducir nuestra vida cristiana a hacer solo aquello que nos apetece en ese momento porque es así como lo sentimos. Los mandamientos nos enseñan que nuestra fe tiene que tener una incidencia real, no dependiente de nuestro estado de ánimo, en nuestras acciones diarias concretas. Pero también nos libera de la tentación del voluntarismo, que convierte la vida cristiana en una especie de conquista de metas que yo me propongo y que yo logro por mis propias fuerzas. Los mandamientos nos recuerdan una verdad fundamental; no podemos hacer nada si no estamos unidos a Jesucristo.

De la misma manera que Jesús pudo cumplir, en todos los momentos de su vida, la misión encomendada por el Padre porque estuvo permanentemente en comunión vital con Él por medio de la oración y el deseo de conocer su voluntad, solo es posible cumplir con la llamada de Cristo a manifestar el amor que le tenemos cumpliendo los mandamientos si estamos permanentemente unidos a Él, reconociendo nuestra humana pequeñez y abriéndonos a la acción de la vida de Dios en nosotros.

Victoriano Montoya Villegas

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