Comentario Bíblico Ciclo C

DOMINGO V DE PASCUA

«Amaos como yo os he amado»

El fragmento evangélico de hoy, puede dividirse en dos partes. La primera, nos pide un poco de esfuerzo intelectual para su comprensión. La segunda, exige un compromiso existencial para su vivencia. Por ello, es conveniente que hagamos un pequeño alto en nuestra vida, leamos con atención y contemplemos la grandeza contenida en sus palabras.

Es muy importante tener presente el contexto en que se enmarca este texto. Jesús está cenando con sus discípulos, es el último momento de amistad que compartirá con ellos, ya que están a punto de desencadenarse todos los acontecimientos de la Pasión. En medio de la cena, Jesús ha invitado a Judas a «hacer lo que tiene que hacer». Judas ha salido del grupo y Jesús no oculta a sus discípulos las dificultades que se aproximan. Pero lo hace, como todo en su vida, desde la perspectiva de Dios y no desde su propio interés. El Padre va a ser «glorificado» por Jesús. Esta glorificación no consiste en la elevación de una serie de plegarias rituales o el ofrecimiento de cosas que Dios no necesita. El verdadero culto que el ser humano puede tributar a Dios es el cumplimiento de su voluntad; recorrer con humildad el camino que Dios muestra en cada momento. Esto es lo que Jesús va a hacer. No huye, refugiándose en la excusa de: «ya he hecho bastante».

La segunda parte del texto es el momento en que Jesús deja a sus apóstoles la señal por la cual serán conocidos los cristianos de cualquier lugar y en cualquier tiempo: «amaos unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros». Nuevamente hemos de tener presente el contexto en que son pronunciadas estas palabras por Jesús; la traición de Judas.

El sentimiento de traición puede ser una de las experiencias más desgarradoras de la vida humana, porque se experimenta en lo más profundo del ser, por encima de toda racionalidad. Es en este contexto en el que Jesús «manda» a sus discípulos que sean espejo de aquel mismo amor con que Él los ha amado a ellos, incluido Judas. Jesucristo supera en extensión y profundidad cualquier mandamiento anterior. En extensión, porque el amor no puede quedar reducido a los cercanos, a los que nos aman, a los que se portan bien con nosotros… Si no que ha de alcanzar a todos. En profundidad, porque Jesús nos manda amar con amor divino y no humano. Es decir, sin hacer apartados ni excepciones. El mandamiento de Jesús a sus discípulos solo se cumple cuando somos capaces de transmitir el mismo amor que hemos recibido de Él. Cuando no somos capaces de amar así es porque no estamos suficientemente cerca de Dios.

Victoriano Montoya Villegas

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