Comentario Bíblico Ciclo A

DOMINGO V DE CUARESMA

De Dios y hombres

Es muy normal que, cuando nos vamos aproximando al día en que vamos a iniciar un viaje con el que hemos soñado mucho tiempo, surja una cierta intranquilidad que se traduce en una mayor actividad, atención y vigilancia a los detalles. Así también deberíamos desear esa sana agitación interior, que se convierte en deseo de escucha de la Palabra de Dios y en esperanza de cumplimiento en nosotros, cuando celebramos el quinto domingo de cuaresma.

Hoy escuchamos el tercero de los evangelios bautismales; “la resurrección de Lázaro”, aunque esta denominación tradicional no sea adecuada. El mismo evangelista, sin grandes discursos, pero con imágenes llenas de expresividad, nos lo explica. Cuando Jesús llamó de nuevo a la vida a Lázaro, San Juan describe la imagen diciendo: “el muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario”. Por el contrario, cuando el domingo de Resurrección las mujeres que habían ido a embalsamar el cuerpo de Jesús y, después, los apóstoles, se asomaron al sepulcro de Jesús, no encontraron un cuerpo atado que volvía a respirar, sino un sepulcro vacío y todos los lienzos con los que habían envuelto el cuerpo por los suelos. Dios Padre había roto en Jesucristo las ataduras de la muerte que atenazaban a la humanidad. Lázaro, como cualquier ser humano, debía volver a la muerte. Jesucristo, venció a la muerte. Lázaro fue devuelto a nuestra misma existencia. Jesucristo fue resucitado.

Otra poderosa imagen del evangelio nos da la clave para comprender qué ha hecho Dios por nosotros. Situado frente al sepulcro donde han colocado el cuerpo de su amigo, Jesús sollozó y experimentó la tristeza propia que nace de la separación del ser querido. Pero, al mismo tiempo, con el poder que solo Dios tiene, llama a la vida a Lázaro. Lo que para el ser humano es imposible; vencer a la muerte, sí es posible para Dios. En Jesucristo, Dios y hombre se han unido para siempre, de manera que aquello que es propio de Dios; la vida sin fin, ahora, también es posible para el ser humano.

Este relato habla de Resurrección y vida, las que ha traído Jesucristo y que han sido ofrecidas a todos nosotros, pero no de una manera mágica, sino como oferta que debe ser acogida personalmente por cada uno. En el diálogo que Jesús mantiene con Marta, la hermana de Lázaro, ella concluye afirmando: “Sí, Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo”. Esta es la confesión de fe que da la vida. Solo puede vencer a la muerte quien, desde lo profundo del corazón, confiesa a Jesús como único Señor de su existencia.

Victoriano Montoya Villegas

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