Comentario Bíblico Ciclo ANoticias

DOMINGO IV DE CUARESMA, por Manuel Pozo Oller

LA LUZ DE LA VIDA

La curación del ciego de nacimiento, evangelio de este domingo IV de Cuaresma (Jn 9,1-41) describe, en un primer momento, el hecho portentoso de la recuperación de la vista de aquel hombre desgraciado. En un segundo momento, se detiene en las reacciones que provoca en su entorno este hecho prodigioso.

El autor sagrado, de manera progresiva y con gran acierto pedagógico, presenta el proceso personal de encuentro del ciego sanado con el Señor. De la incertidumbre de no saber quién de verdad le devolvió la vista, «ese hombre que se llama Jesús» (v.11), a la respuesta a los fariseos denominándole «profeta» (v.17), para indicar que procede de Dios, «si este no viera de Dios, no tendría ningún poder» (v.33), y terminar en el cenit de los acontecimientos con el diálogo entre Jesús y el ciego: «¿crees tú en el Hijo del Hombre? «¿Quién es? «El que habla contigo». «Creo, Señor», responde (vv.35-38). La respuesta es una confesión explícita de fe, de iluminación (v. 38).

El pasaje comienza presentando distintas miradas sobre el ciego. La mirada de Jesús y la mirada distante de los discípulos que ven en aquel hombre limitado la consecuencia de un castigo por un pecado. La mirada de los discípulos es legalista y fría. No ponen en duda que el mal que sufre es consecuencia de un pecado. La respuesta de Jesús es clara: «Ni éste pecó ni sus padres». La intervención de Jesús finaliza con una declaración de su identidad: «Yo soy la luz del mundo».

Jesús acompaña las palabras con el símbolo de «hacer barro con la saliva y untar los ojos». Es un recuerdo de la primera creación narrada en el libro del Génesis. Los símbolos de la tierra reseca, la saliva y el agua representan respectivamente nuestra realidad, que encuentra la luz con el soplo y aliento vital y es regada y alimentada por el agua. Son bellas imágenes de una vida nueva, de una nueva creación, orlada por el arco iris de luz.

Las reacciones ante el signo que realiza Jesús son diversas. Los vecinos se extrañan, cegados por su incapacidad de ver, no se creen el testimonio del que ha sido sanado (vv .8-12). Los fariseos, situados en la ley, denuncian que la curación se obre en sábado (vv.24-34). Los padres testifican, pero con reparos, por temor a ser expulsados de la sinagoga cerrando sus ojos a la verdad y a la luz (vv.18-23).

Esta página del Evangelio presenta a Jesús como la «luz del mundo». Varias son las reacciones ante el hecho de la curación pero, lo paradójico y desconcertante, es que, ante el signo de Jesús, el ciego y pecador ahora ve y aquellos que creían ver, permanecen ciegos.

Manuel Pozo Oller

Párroco de Vera

 

 

Mostrar más

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.

Cookies estrictamente necesarias

Las cookies estrictamente necesarias tiene que activarse siempre para que podamos guardar tus preferencias de ajustes de cookies.

Cookies de terceros

Esta web utiliza Google Analytics para recopilar información anónima tal como el número de visitantes del sitio, o las páginas más populares.

Dejar esta cookie activa nos permite mejorar nuestra web.