Comentario Bíblico Ciclo B

DOMINGO III DE PASCUA

La pedagogía de Jesús

Al comienzo de su ministerio público, Jesús llamó a los apóstoles. Durante todo el tiempo que estuvieron con Él, los apóstoles fueron aprendiendo quién era Jesús y vislumbraron la tarea que les esperaba. Sin embargo, este proceso de conocimiento quedó abruptamente interrumpido por la pasión y muerte de Jesús. Por ello, tras la resurrección, el mismo Señor Resucitado continuará con esta tarea pedagógica que había iniciado años antes. Este es el contexto en el que debemos enmarcar los diferentes relatos que aparecen en los evangelios y que hablan de los encuentros entre Cristo Resucitado y los apóstoles.

Cada uno de los encuentros tiene una doble función. En primer lugar, hacer posible que la semilla de la fe que portaban los discípulos por su contacto pre-pascual con Jesús, florezca y alcance plenitud. En segundo lugar, «redondear» alguna enseñanza fundamental que quedó incompleta durante el ministerio público de Jesús. Con este encuentro que nos relata san Lucas, Jesús Resucitado pretende que sus discípulos vuelvan su mirada a una realidad profundamente humana y que Él mismo ha experimentado hasta el extremo: el sufrimiento.

Todos, de una u otra manera, tenemos experiencia de dolor y sufrimiento. No tanto del dolor físico que, gracias a los avances de la ciencia, se hace cada vez más llevadero. Me refiero a la experiencia del dolor injusto que anida en lo más profundo de nuestra alma. Este tipo de sufrimiento nos hace plantearnos dos preguntas fundamentales: ¿por qué? ¿para qué?

La primera pregunta; «¿por qué?», tiene difícil respuesta, puesto que las causas particulares que pueden provocar ese dolor son tan diversas como diversas somos las personas. Pero todas tienen una causa común: la existencia del mal en el mundo. La segunda pregunta; «para qué?», es la pregunta sobre el sentido del sufrimiento. Y, paradójicamente, aunque siempre es una cuestión más complicada, aquí podemos encontrar una respuesta más fácil. Pero solo si se mira y comprende desde Cristo.

Jesucristo experimentó en sí mismo el más profundo y terrible de los sufrimientos, puesto que sobre Él se volcó, con toda su intensidad, el mal profundo que existe en el mundo. Pero la intervención de Dios Padre, que resucitó a Jesús, cambió radicalmente el sentido y el valor del sufrimiento. Por la Resurrección de Jesús, el dolor injusto causado por el mal, ya no es un simple sufrimiento estéril y sin sentido, sino que vivido en unión con Cristo y ofreciéndolo en el altar de la propia cruz, se convierte en colaboración con la obra de salvación que el Señor Jesús ha realizado. Ya no hay sufrimiento vacío, salvo el que se vive en el sinsentido y la lejanía de Dios.

Victoriano Montoya Villegas

Mostrar más

Publicaciones relacionadas

Mira también
Cerrar
Botón volver arriba
Cerrar
Cerrar
X