Comentario Bíblico Ciclo BNoticias

DOMINGO II DE PASCUA, por Ramón Carlos Rodríguez García

Cincuenta días para celebrarlos como un “gran domingo”

Lecturas: Hch 4, 32-35. Un solo corazón y una sola alma. Sal 117. R. Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. 1 Jn 5, 1-6. Todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo. – Secuencia (opcional). Ofrezcan los cristianos. Jn 20, 19-31. A los ocho días llegó Jesús.

La celebración de este domingo cierra la Octava Pascual. El Señor nos regala su paz. El primer fruto de su Espíritu es la unidad en la oración y la nueva fraternidad. Las lecturas de hoy nos hablan del poder transformador de la fe pascual. El asombro llega hasta tal extremo, que la primera carta de Juan lo asemeja con un “nuevo nacimiento”. Todo es fruto de la Resurrección de Cristo que nos capacita incluso para “vencer” al mundo. El evangelista subraya que todo acontece en domingo (el primer día de la semana). La escena desgrana la experiencia del encuentro con el Señor resucitado en torno a la mesa (Eucaristía), para aquellos que creen en él incluso sin haberlo “visto”. El encuentro es comunitario, están reunidos como Iglesia. Alrededor del Señor es posible una nueva alegría y la verdadera paz que brotan de un aliento que recrea la existencia. Hace posible una nueva creación, una nueva humanidad. La narración de este domingo desvela la preocupación de San Juan por aquellos cristianos que, como Tomás, se tambalean en sus convicciones y necesitan ser fortalecidos. El incrédulo apóstol materializa en estas páginas nuestras crisis de fe.

La celebración Eucarística nos ayudará a pesar de toda nuestra fragilidad a degustar el “creer sin haber visto” y a renovar constantemente nuestro encuentro con el Señor y la comunidad. Este domingo, es el Resucitado quien nos libera de aquellos miedos que nos impiden ser verdaderos testigos. Vivamos como Tomás la sacudida de la fe. Fue modelo de incredulidad y de certeza: Señor mío y Dios mío. El Antiguo Testamento reservaba estos dos títulos a Yahveh. El otrora suspicaz discípulo, estalla en una afirmación que todo creyente hemos de asumir como propia. Nosotros hemos de sentimos dichosos por creer, no por ver. Junto a Tomás, Pedro, todos los Apóstoles y toda la Iglesia, cada domingo, profesemos nuestra fe en la recitación del Credo tras la proclamación del Evangelio. En cada Eucaristía Cristo, una vez más se deja “tocar” en el signo del pan y vino. También como comunidad, debemos dejarnos “ver” y “tocar” a través del testimonio y del amor fraterno durante toda la semana…toda la Pascua…toda la vida.

Ramón Carlos Rodríguez García

Rector del Seminario

 

 

 

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