Comentario Bíblico Ciclo B

DOMINGO I DE CUARESMA

Una parca elocuencia

En retórica existe una figura que se denomina oxímoron y que cosiste en combinar, en una misma estructura sintáctica, dos o más palabras de significado opuesto de tal manera que se origina un nuevo sentido. Si miramos con un poco de atención el breve fragmento del evangelio de Marcos que hoy leemos, podremos contemplar que está constituido por múltiples contrarios que, al combinarse, producen un sentido nuevo y contundente. Así, nos encontramos con contrarios como Espíritu y desierto, Satanás y ángeles, prisión de Juan y libertad de Jesús para comenzar a anunciar la llegada del Reino de Dios. De esta manera, si definimos el estilo del evangelista san Marcos como una parca elocuencia, nos encontraríamos con un ejemplo de oxímoron aplicado a este primer evangelio cuaresmal.

Precisamente, la comprensión de la existencia de contrarios en nuestra vida cristiana puede ser el gran mensaje de este fragmento evangélico. Se nos invita a comprender que el gran amor que Dios nos tiene no implica que no haya en nuestra vida momentos de soledad, prueba o dolor. Los desiertos vitales que, a veces tenemos que recorrer, no son solo lugar de prueba, sino, sobre todo, lugar de aquilatamiento de nuestra fe. El desierto es momento para reafirmar nuestro compromiso con Dios, sabiendo que Él siempre mantiene su compromiso con nosotros.

La presencia de las tentaciones en nuestra vida no implica que hayamos errado el camino y nos hayamos apartado de Dios. La tentación es un permanente recuerdo de que no podemos construir una existencia verdadera si no fundamentamos nuestra vida en Dios. Que pese al falso espejismos de una libertad absoluta, el pecado esclaviza y nos sujeta con tal fuerza que llega incluso a hacer prácticamente imposible que podamos actuar como queremos, sino que nos vemos empujados a más pecado. En la tentación, podemos descubrir que nunca caminamos solos y que Dios no se aparta de nosotros, como lo dice el evangelista con la imagen de los ángeles que servían a Jesús durante su estancia en el desierto.

Y, al final del todo, encontramos la contundente enseñanza de Jesús: «convertíos y creed en el evangelio». Los contrarios que pueden aparecer en nuestra existencia cristiana tienen todos la misma intención; recordarnos que la vida del discípulo de Cristo no se mide tanto por las veces en las que ha podido fracasar, sino, sobre todo, por cuánto crece, día a día, su amor a Dios y a los demás. La conversión, llamada permanente de la cuaresma, no consiste solo en dejar lo malo, sino, ante todo, en crecer en lo bueno.

Victoriano Montoya Villegas

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