Comentario Bíblico Ciclo B

SANTÍSIMA TRINIDAD

El amor que nos impulsa

Tras la celebración que la Pascua, este domingo la Iglesia nos invita a contemplar la verdad originaria de nuestra fe; el misterio de la Santísima Trinidad. Cuando oímos la palabra «misterio» en referencia a una verdad de la fe, nuestra mente tiende a identificarlo con un axioma que está tan lejos de la capacidad humana que solo queda aceptarlo de manera acrítica. Sin embargo, «misterio» indica aquellas verdades a las que hemos llegado porque Dios nos las ha comunicado, lo que no significa que no puedan ser comprendidas por la razón humana. Por tanto, ante los misterios de la fe, lo más importante es la confianza en Dios y en la veracidad de lo que Él nos ha comunicado.

Por ello, celebración de la Solemnidad de la Santísima Trinidad debe ser para los cristianos una llamada a crecer en el conocimiento de Dios, que debe conjugar dos dimensiones fundamentales: la inteligencia y el sentimiento. Existe una tentación entre los cristianos que consiste en encerrar la experiencia religiosa en el ámbito de lo sentimental, lo que lleva a olvidar una de las verdades fundamentales de nuestra fe: Dios ha salido al encuentro del ser humano y le ha comunicado el misterio de su verdad personal. Dios siempre se ha comunicado con el ser humano de manera que pudiéramos comprenderlo. De lo contrario, inútil hubiera sido su Revelación. A lo largo de muchos siglos, la mente humana, iluminada por la luz del Espíritu Santo, ha profundizado en esa Revelación de Dios y la ha hecho accesible a cada tiempo y cultura. Por ello, para los cristianos del siglo XXI, es una auténtica obligación profundizar en el conocimiento de nuestra fe, que en muchas ocasiones se ha quedado en un conocimiento infantil, sin que haya crecido por una profundización intelectual.

Sería también un error reducir el conocimiento de Dios a la sola razón, el auténtico conocimiento debe abarcar también la dimensión vivencial. Si esta afirmación es válida para todas las verdades cristianas, la celebración de la solemnidad de la Santísima Trinidad es una invitación a que experimentemos, en lo más profundo de nosotros, la realidad más íntima de Dios: el amor divino. Dios es trinidad de personas para que el amor no se convierta en egocentrismo. Dios nos llama a experimentar su amor para que se convierta en nosotros en un resorte que nos impulse a transmitir ese amor en todos los ámbitos de nuestra existencia. Solo se puede dar lo que se tiene, por eso, el conocimiento y la vivencia interior del amor que constituye la esencia de Dios, es el elemento primero y esencial para poder vivir como auténticos cristianos en medio de este mundo.

Victoriano Montoya Villegas

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