La Mirada de la Fe
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ENVIDIA COCHINA
Si nos preguntaran si somos envidiosos, probablemente, la mayoría diríamos que no. Pues, querido amigo, si esa ha sido nuestra respuesta, tenemos en común algo con los envidiosos: pocas veces reconocen que lo son. Un verdadero envidioso no sabe que lo es. La envidia es un sentimiento, fruto de la frustración, que desea que los demás no tengan, ni disfruten de lo que yo carezco. Y la reacción más habitual es aplastar al otro, para no ver en su logro, mi propia carencia. El envidioso no suele atacar de frente, suele ir por atrás con maniobras sibilinas. Así, el rumor, la murmuración, o las injurias se convertirán en sus armas preferidas. La envidia, como todos los sentimientos negativos (el rencor, los celos…) hace sufrir tanto al envidioso como a quien dirige su envidia. Y puede ser consciente o inconsciente, explícita…
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UN HUEVO SIN SAL
El otro día me invitaba una familia de la parroquia a comer. Antes de empezar, me hicieron una pequeña advertencia: “nosotros nos hemos acostumbrados a comer sin sal”. No era algo nuevo (sobre todo a ciertas edades) pero tal como lo decían, me sonaba a toda una declaración de intenciones. Acostumbrarse a vivir sin sal, me parece toda una metáfora de la vida. Suena a vida monótona, a tono gris, sin pasión, sin sabor. Sin duda, no es una llamada de este que os escribe a la hipertensión arterial, pero es cierto, que en su literalidad, toda la frase suena a renuncia a vivir una vida más plena, con empuje, fuerza y pasión. De hecho, en mi tierra, cuando una persona es un poco gris, aburrida y sin gracia, se le llama “un huevo sin sal”. Y me encanta porque…
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DETALLES QUE DELATAN
Hace unos días, me topé con un video en las redes sociales. Un video de apenas 49 segundos, pero que llamó poderosamente mi atención. El protagonista era Barack Obama caminando hacia el Air Force One. A los pies del avión, un soldado hacía el saludo protocolario y él subió distraído las escaleras. Inmediatamente, bajó de nuevo para saludar al soldado al que, por descuido, olvidó hacer. Un gesto tan sencillo, pero que delata el tipo de persona que es. El video me recordó una anécdota de mi juventud. Tendría 15 años. Había salido por la noche y me desperté casi al mediodía. Iba al servicio y andaba por casa la señora que ayudaba a mi madre a limpiar. Esquivo por las “pintas” que llevaba, volví al cuarto enseguida sin saludar. Recuerdo que mi madre entró al cuarto hecha una fiera…
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HACIENDO GRUPITOS
¡Tiene gracia esto del whatsup¡ No sólo tenemos un montón de grupos, sino que se van formando grupitos dentro del grupito. De la primera comunidad de primos, amigos o compañeros de trabajo, al final, van saliendo pequeñas ramificaciones que hacen, aún más complejo, seguirlos a todos. Son fruto de las afinidades personales, formados para compartir intimidades de los que se llevan mejor, o en la mayoría de los casos, para criticar lo que dicen en el grupo general o a tal o cual persona. Digo que tiene gracia porque es toda una metáfora de la vida. Siempre dividiéndonos en grupos. Es cierto que tenemos derecho a tener más afinidad con unas personas que con otras, pero tenemos que reconocer esa naturaleza “secesionista” de la humanidad, que comenzó en Babel: una dinámica de grupo que afirma su identidad a través de…
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PEQUEÑAS MISERIAS
Hace unos años, tuve que pasar uno de los tragos más desagradables de mi vida. Esos pequeños golpes de la vida que suponen una profunda muesca en el abandono de la inocencia. Recuerdo que era el día de Reyes. Salía del aparcamiento marcha atrás, camino de la segunda misa, cuando tuve una pequeña colisión con una persona del pueblo. Nos bajamos, vimos que estábamos bien y quedamos al día siguiente para hacer el parte amistoso. Era una familia conocida y firmé lo que me pusieron por delante. Arreglé mi faro por unos cuantos euros, aunque la sorpresa vendría meses después. La chica de la caja me dijo que me habían expulsado del seguro. No entendía el porqué y ella investigó. La razón era porque había provocado un siniestro de cifras astronómicas: lesiones físicas, meses de fisioterapia, indemnizaciones… Todavía recuerdo la…
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EGOS
No he tenido oportunidad de conocer a muchos famosos. Cené con un popular escritor, he podido charlar con algún político de renombre y me he topado, a veces, con algún alto jerarca eclesiástico. Han tenido estos pocos encuentros un denominador común: la decepción. Al final, estos personajes (o personajillos) solo quieren hablar de “su libro”, como en la famosa entrevista de Paco Umbral. Henchidos de fama y aplausos, rodeados de palmeros, su conversación se torna puro desarrollo de su enorme Ego. Pero, observo con sorpresa que no es necesario ser famoso para tener un “ego panorámico”. Las personas de a pie, esas con las que convivimos a diario, también pueden caer en esa “patología”, que consiste en hablar exclusivamente de sí mismos. Como si sus problemas, sus historias, sus vidas fueran más importantes que cualquiera otras del mundo, sin dar…
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LA COPITA DE FINO EN EL QUINTO TORO
Creo que todos tenemos algunas costumbres navideñas. En mi caso, yo las tengo “prenavideñas”. Una de ellas, en la mañana del 31. Me gusta ir con los amigos a comprar a la plaza de abastos de Almería. Lo que sea: unos encurtidos, unos tomates raf, un poquito de mojama… porque la gracia viene después. Bajamos las escaleras y nos tomamos una copita de fino con patatas a lo pobre. ¡Ay, uno de esos grandes placeres de la vida! Aunque no cenara esa noche, aunque me acostara antes de las uvas, tiene más gracia el “previo” que la comilona. Otra de mis costumbres es el café del 24 con mi prima Raquel. Me voy a Adra, salimos al “pub” del pueblo y allí, compartimos risas y recuerdos, abrazamos a los amigos del instituto, brindamos con los primos… ya es costumbre que…
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CASADITA O MONJITA
Es puente cuando escribo: tiempo de descanso y fiesta y por ello, para empezar mi artículo, voy a contaros un chiste. Cuentan que una mocita casadera iba todos los días a la parroquia de su pueblo a rezarle a la virgen. Era una talla muy antigua de la madre con su hijo en brazos. Devotamente, se arrodillaba cada día y hacía siempre la misma oración: “virgencita, virgencita ¿casadita o monjita? Años pasaron haciendo la misma oración cada día, hasta que un día nebuloso de la Purísima, algo extraordinario sucedió. El niño Jesús de los brazos de la imagen, se giró sobre ella y le dijo: “Hija mía, he escuchado durante años tu oración. Ésta es mi voluntad: Monjita”. Y la asombrada moza le responde: “con todo mi respeto, le he preguntado a tu Madre y no a ti”. Siempre me…
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COMO NO ESTÉ DE DIOS…
Hay ideas que aprendemos a través de los libros o que descubre uno por sí mismo. Otras (las más importantes de la vida) parecen que son ellas, las que “te toman” a ti. Se imponen en tu cabeza como un descubrimiento vital e inapelable. Desde hace algún tiempo, se me ha impuesto una de ellas: no hay que forzar las cosas. A ver si consigo explicarme. Has planeado un fin de semana en una casa rural, al coche se le enciende una luz en el salpicadero, la niña tiene un poco de fiebre, una de las parejas que iba, no puede finalmente ir… Hace unos años, iría al taller de urgencia, le daría una pastilla a la pequeña y convencería hasta la extenuación a la pareja para que finalmente vaya. Hoy, estoy convencido que lo mejor es no ir. Cuando…
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DE MIEDOS Y RATONES
Creo que tengo un ratón en mi casa. Si, a mí me da tanta repulsión como a tí que estás empezando a leer este artículo, pero necesito contarlo. Y digo “creo” porque no lo he visto. Tengo sólo indicios, pero con esto me basta para no pegar ojo por la noche. Se me ha metido la idea en la sesera y no soy capaz de sacármela de la cabeza. Intento aducir argumentos racionales: “ya has llamado a un profesional, no va a pasar nada, en breve pasará, es una criatura de Dios…”, pero, la realidad es que no duermo. La noche pasada eran las 5 de la madrugada y ahí estaba pensando en mi ratón. Creo que todos tenemos “ratones” en nuestra cabeza: los resultados de una prueba diagnóstica, la incertidumbre del trabajo de un hijo, las noticias que escuchamos…
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