La Mirada de la Fe
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QUE LE DIRÍA A MI YO CON 18 AÑOS
Hoy os propongo un reto. Escribir qué le diríamos a nuestro yo con 18 años. Será un ejercicio útil para saber cómo hemos evolucionado, cómo hemos crecido personal y espiritualmente. Sin nostalgias, sin arrepentimientos, simplemente decirle lo que has ido aprendiendo en el camino de la vida. Cada uno tendrá que hacer su carta personal e intransferible. Yo voy con la mía: “Libérate de la imagen y la opinión de los demás”. Si, Ramón. Has gastado demasiadas energías en contentar a los demás, en ser un “chico bueno”, en hacer lo que esperaban de ti. Sé tu mismo, busca lo más auténtico que hay en tí. Si hablan, allá ellos. “Vas a ser capaz”. Sé que es fácil decirlo a toro pasado. Pero vas a conseguir muchas de tus metas y superar muchos retos. Vales mucho. Confía en tus posibilidades.…
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CUMPLEAÑOS SIN TARTA
Nunca tuve tarta en mi cumpleaños. Eran otros tiempos, mi madre trabajaba en una tienda y no estaba para malgastar toda la tarde haciéndome una tarta (y menos comprarla, que para eso fundó Esparta). En mi caso tampoco regalo, porque tuve el cruel destino de nacer en la víspera de los Reyes, y con un regalo ya había para las dos celebraciones. Y, a pesar de todo, cumplía años. Y estaba deseando que llegara ese día para que me felicitaran mis padres y amigos. Y ya está. Lo importante lo tenía (el amor de mis padres y la amistad), lo accesorio (la tarta y el regalo) no eran imprescindibles. Imagínate un adviento sin corona, una navidad sin luces ni villancicos, una semana santa sin pasos en las calles (me matan hoy los cofrades), un verano sin playa, una fiesta sin…
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MURMURAR
Todos murmuramos. A veces, de temas livianos: “Mira qué zapatos más feos lleva la fulana”, otras, de cosas más serias. Lo hemos integrado como parte de nuestra vida, procurando quitarle importancia. Y la tiene. Santo Tomás decía que murmurar era más grave que robar, porque a la persona objeto de la murmuración se le arrebata algo tan importante como su reputación, su dignidad. Y después, ¿quién podrá devolvérsela? Muchas veces, todo se inicia como un juego, como una broma. Alguien propone un tema y nos vamos “calentando”. Se produce una cierta complicidad en el grupo y empezamos a tener la sensación de que hay barra libre. Comienza la fiesta. Decía San Bernardo que la murmuración era como una lengua de víbora que de un golpe hiere a tres personas: el murmurado, el que oye y el murmurador. Y es que,…
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LA PALANCA
En mi pueblo se le dice “enfaoso” a un pesado. A esa típica persona que está siempre erre que erre, machaca que machaca: “Mira que mal haces esto; no te das cuenta que así no se hacen las cosas; a ver si cambias…”. Permanentemente, señalamos a los demás lo que está mal y tiene que cambiar. Nos convertimos, de esa manera, en insistentes correctores del pariente, de la parienta, del vecino o del presidente del gobierno. Seguramente, sin ser conscientes, estamos mandando un mensaje. Si cambias (a mi manera de ver las cosas, claro), te querré. Ponemos condiciones y algunas veces hasta ultimátums: “O corriges eso que no me gusta, o ya no me junto” (como decíamos cuando éramos niños). Desgraciadamente, desde mi experiencia (y eso dicen los psicólogos), he descubierto que regañar, amenazar, dar la vara, NO CAMBIA NADA.…
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VOLVER A LA CASILLA DE SALIDA
Hay un orgullo bueno y otro malo. El bueno es el que te hace sentirte orgulloso, por ejemplo, de tu hijo, de un logro alcanzado. Hay que alegrarse, sin duda, de cuando has sido capaz de hacer algo que merece la pena. Es lo que se denomina una sana autoestima, tan valorada por los psicólogos. Pero hay un orgullo malo que es el que, subido al pedestal, te hace despreciar a los que aparentemente van detrás. Seguro que nadie levantará la mano cuando pregunten dónde están los orgullosos, pero muy dentro de nosotros hay un diablillo que te dice: “Soy el que mejor cocina, la mejor madre, el más listo…” y “Mira esta que desastre, mira aquel que no sabe organizarse…”. Sin ser muy conscientes, esta es la mirada ciega que te hace despreciar a los demás. Santa Teresa decía…
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CONTANDO CALORIAS
Llevo toda la vida contando calorías. Yo no veo una croqueta o un plato de ensaladilla, solo calculo cuanto me va a engordar. Y a pesar de las energías mentales gastadas, sigo estando “hermoso” (que dirían las abuelas). A veces, dan ganas de tirar la toalla. Voy al gimnasio tres días a la semana, los fines de semana hago caminatas y… no consigo los resultados esperados. Pero no voy a desfallecer. Tendré que reajustar mis metas, seré paciente con mis objetivos y estoy convencido de que, al final, merecerá la pena ese esfuerzo por estar sano. Ocurre también con las personas a las que quieres (o tendrías que querer). A veces, dan ganas de mandarlas a paseo, de perderlas de vista definitivamente… Pero también en eso hay que ser constantes, no romper la baraja a la primera de cambio. Habrá…
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UNO DE DIEZ
Recuerdo de niño la “tortura” a la que nos sometían nuestras madres. Cuando la tita o la vecina te regalaban algo, siempre te miraban fijamente y te decían: “¿Qué se dice?” (poned el tono vosotros) y con desgana contestabas: “GRACIAS”. Parecía que te costaba la misma vida decir esa dichosa palabra. Y fíjate por donde, de mayores nos sucede lo mismo. Si tuviéramos que calcular la proporción de veces en las que pedimos cosas a nuestras parejas, amigos, compañeros de trabajo, sanitarios… y las veces que les damos las gracias, nos daríamos cuenta de que, en el fondo, somos como aquel niño que le costaba Dios y ayuda pronunciar esa palabra. PEDIR y DAR GRACIAS. Según lo que predomine en nuestra vida, seremos de una manera o de otra. La persona en la que prevalece el pedir suele tener algo…
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MALA HIERBA
Había una vez un niño Chino llamado Ping, que tenía muy buena mano con las flores. Todo lo que plantaba crecía como por encanto. Por aquel tiempo, el viejo emperador buscaba sucesor y pensó: “Que lo decidan las flores”. Convocó a todos los niños del reino, repartió semillas y publicó un edicto por el que anunciaba que quien trajera las mejores flores en el plazo de un año sería el elegido. Ping sembró, regó y nada. Cambió de macetero, echó tierra buena… y no creció NADA. Llegó el día de comparecer ante el emperador y Ping se presentó compungido y cabizbajo con las manos vacías. Alrededor de él, cientos de niños con unas flores preciosas. El emperador lo miró y dijo: “Al fin he encontrado a mi sucesor. Las semillas estaban trucadas, eran estériles y este niño es el único…
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AÚN QUEDAN TRENES POR LLEGAR
Cuando nos ponemos melodramáticos, decimos eso de “hay trenes que pasan solo una vez en la vida”. Yo creo que es una exageración. Menos el tren de Almería, los trenes suelen pasar muchas veces por nuestra estación. Todos tenemos esa sensación de haber perdido algún tren en nuestra vida: aquél décimo de lotería que pude comprar y tocó, ese piso que era un “chollo” y por pensármelo demasiado no compré, aquella persona que pudo ser el amor de tu vida (y no el callo que tengo a mi lado je, je). Dejemos el pasado a un lado. Y como el agua pasada no mueve molino, hoy te ofrezco algunos consejos para no perder esas oportunidades que están por llegar. El primero es no tener miedo a equivocarse. Hay que lanzarse. Algunas veces se acierta y otras no. De hecho, equivocarse…
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ES BENIGNO
Mi amigo Javier es médico patólogo. Como es una especialidad poco conocida, me cuenta entre risas que cuando le preguntan a qué se dedica, y citando a Woody Allen, responde que su oficio es decir las palabras más bellas del mundo que no son un «te quiero», sino «es benigno». Y pensando en cuáles serían las palabras más bonitas que nos pueden decir, yo os propongo CUENTA CONMIGO. En este mundo “postmoderno y líquido”, como describen los sociólogos, parece que la fidelidad, la promesa definitiva, la palabra dada son valores en baja. Cambiamos de amigos, de casa, de ciudad, de pareja con tanta facilidad que se nos ha olvidado que incumplir las promesas debería ser algo extraordinario. Podemos evolucionar, pero no defraudar sin considerar las consecuencias de no cumplir nuestra palabra. Dicen que las personas valen lo que valen sus…
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