Cartas a los Diocesanos

BAUTIZADOS Y ENVIADOS

Carta a los diocesanos sobre el mes misionero extraordinario

Queridos diocesanos:

1. Hemos comenzado la celebración del mes misionero extraordinario que el Santo Padre Francisco ha propuesto a toda la Iglesia universal. Nosotros abríamos este mes de fomento del espíritu misionero con la celebración de las Vísperas en el Monasterio de la Encarnación de la Madres Clarisas, donde un grupo de fieles se unieron a la recitación de la liturgia de las Horas para suplicar de la misericordia del Señor que Jesucristo sea conocido y amado por todos como Salvador único y universal, porque él es el Redentor del mundo y de él viene la salvación del género humano.

El motivo de este mes misionero extraordinario es conmemorar el primer centenario de la que ha sido conocida como «carta magna de las misiones», un documento decisivo en la historia contemporánea de las misiones: la Carta apostólica Maximum illud, de gran Papa Benedicto XV, publicada el 30 de noviembre de 1919. Se puede con toda razón decir que hay un antes y un después de esta carta pontificia. Por lo cual he juzgado necesario dedicar a este acontecimiento la amplia Carta pastoral «Iglesia para la misión» (22 de agosto de 2019). Esta carta da cuenta del lanzamiento contemporáneo de la acción misionera de la Iglesia por Benedicto XV, apenas terminada la primera guerra mundial, que aunó el esfuerzo de anunciar a Cristo por los misioneros de las distintas confesiones cristianas en una Europa dividida por los enfrentamientos bélicos. Trata, además, de presentar el surgimiento histórico de las grandes obras misioneras de la Iglesia, que han venido a dar desde el último tercio del siglo XIX y al siglo XX imagen y estructura a la actuación evangelizadora en los territorios de misión, es decir las hoy conocidas como «Obras Misionales Pontificias» (OMP):

― La «Obra de San Pedro Apóstol», fundada en 1889 por Juana Bigard (1859-1934) para ayudar a la construcción de los seminarios en tierras de misión y disponer la formación de seminaristas y religiosos, hacer posible la promoción del clero nativo, que recibiría una ordenación decisiva de Pío XII, una vez acabada la segunda guerra mundial. Este Papa agregó a la Obra de San Pedro Apóstol en 1956 la segunda gran obra misionera: la «Pontificia Unión Misional del Clero», fundada por el beato P. Pablo Manna (1872-1952). La nueva obra daría lugar a los Seminarios de Misiones Extranjeras, empezando por los de Milán y Roma, unidos en 1926 en una sola institución por Pío XI. En España se crearía a instancias de Benedicto XV el Seminario de Misiones de Burgos, origen también del Instituto Español de Misiones Extranjeras (IEME), que ya cumplió los cien años y ha formado a tantos misioneros españoles salidos del clero secular

― Con estas dos obras, mencionemos la tercera: «Obra de Propagación de la Fe y Santa Infancia», fundada en Lyón en 1982 y promovida por la sierva de Dios Paulina Jaricot (1799-1892), muy conocida por tener en ella su comienzo la gran colecta de la Jornada del Domingo Mundial de las Misiones o Domund, que se celebra cada año el penúltimo domingo de octubre. En esta importante obra misionera hunde sus raíces primero la creación del dicasterio romano de Propaganda Fide por el Papa Gregorio XV en 1622, y renombrado por san Juan Pablo II como Congregación para la Evangelización de los Pueblos en 1982.

Merecería la pena detenerse en cada una de estas obras, pero como aquí no es posible, remito a la lectura de mi carta pastoral. Lo importante es decir ahora que a lo largo de un siglo el impulso dado por los papas a las misiones y a la acción evangelizadora, desde Benedicto XV a nuestros días, ha fortalecido el carácter misionero de la Iglesia contemporánea, ha conocido momentos entusiastas y logros felices, pero también ha pasado por crisis y dificultades. Para conocer la historia de las misiones históricas y de nuestro tiempo, el Papa Francisco ha lanzado este octubre misionero extraordinario, que ha de impulsar la obra evangelizadora de la Iglesia tanto en los territorios de misión como en las sociedades tradicionalmente cristianas, que vienen apartándose de la confesión explícita de la fe. En estas sociedades otrora cristianas vemos como se pone la fe entre paréntesis, renunciando a un testimonio que, ciertamente, alejado del proselitismo habría de ser un modo de anunciar a Jesucristo sin ocultamientos, y al mismo tiempo en diálogo con quienes no son cristianos, en el marco de una cultura pluralista, en la cual se hallan en muchos lugares unas religiones junto a las otras.

2. La Congregación para la Evangelización de los Pueblos junto con las Obras Misionales Pontificias han editado una guía con el título Bautizados y enviados (2019)[1], que ayudará a los sacerdotes y agentes pastorales que colaboran en la organización de la vida de la Iglesia, y a las comunidades cristianas, a programar bien este mes misionero. El título procede del Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de las Misiones de este año 2019, y lleva el subtítulo que concentra el contenido al tiempo que ofrece la clave de interpretación de todo el discurso: «La Iglesia de Cristo en misión en el mundo». Francisco parte del hecho de que todos somos y formamos la Iglesia y, en consecuencia, todos somos misión, porque por el bautismo todos estamos insertos en la comunión trinitaria del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y a esta Iglesia que es el Cuerpo de Cristo compete llevar adelante la misión, anunciando explícitamente a Jesucristo hasta los confines del mundo. El Papa refuerza en el Mensaje la idea: «Es un mandato que nos toca de cerca: yo soy siempre una misión; tú eres siempre una misión; todo bautizado y bautizada es una misión».

Teniendo delante esta conmemoración de los primeros cien años de la Maximum illud de Benedicto XV, dirigiéndose a los directores nacionales de las Obras Misionales Pontificias, el Papa Francisco les decía: «Con él [el mes misionero extraordinario] se quiere subrayar que el envío a la misión es una llamada inherente al bautismo y es para todos los bautizados. De este modo la misión es envío para la salvación, que realiza la conversión del enviado y del destinatario: nuestra vida es, en Cristo, una misión»[2].

Todos hemos de reflexionar sobre ello este mes de octubre y siempre. Para ello es importante seguir las recomendaciones del Papa, que resume el Cardenal Filoni, prefecto de la Congregación para la Evangelización, en los siguientes puntos, que son tarea para este mes de octubre y para prolongarla en la vida cristiana que ha de seguir:

  1. Encuentro personal con Jesucristo, vivo en su Iglesia: Eucaristía, Palabra de Dios, oración personal y comunitaria.
  2. Testimonio: santos mártires de la misión y confesores de la fe.
  3. Formación: bíblica, catequética, espiritual y teológica sobre la missio ad gentes hacia fuera, cuyos destinatarios son los no cristianos.
  4. Caridad misionera: apoyo material para el inmenso trabajo de la evangelización y de la formación cristiana de las Iglesias más necesitadas[3].

Es, pues, el momento de hacer cuanto esté en nuestras manos para lograr la «conversión misionera» personal y de la Iglesia como congregación de fieles que están permanentemente en estado de conversión y renovación, insiste el Papa en el Mensaje para este octubre misionero: «Una Iglesia en salida hasta los últimos confines exige una conversión misionera constante y permanente. Cuántos santos, cuántas mujeres y hombres de fe nos dan testimonio, nos muestran que es posible y realizable esta apertura ilimitada, esta salida misericordiosa, como impulso urgente del amor y como fruto de su intrínseca lógica de don, de sacrificio y de gratuidad (cf. 2 Co 5,14-21). Porque ha de ser hombre de Dios quien a Dios tiene que predicar (cf. Carta apostólica Maximum illud, n. 64)».

3. En la guía que hemos indicado, comunidades y fieles encontrarán, en la primera parte de la misma, reflexiones que ayudarán a penetrar los textos bíblicos de la celebración de la Misa cada día del mes, introduciendo en el necesario clima de oración que prepara la celebración eucarística como encuentro vivido y transformador que es posible experimentar cada día en el altar del sacrificio y mesa de comunión. Una segunda parte ofrece los testimonios de vida de los grandes testigos de la misión. El magisterio mayor que nos ofrece la fe lo encontraremos hecho vida y testimonio en los mártires y en los santos de la misión. Finalmente, una tercera parte presenta consideraciones sobre la misión que ayuden a una mejor comprensión de la misión y de la condición misionera de la Iglesia.

Es un momento privilegiado para releer algunos de los textos conciliares más determinantes de la vida cristiana y del programa de renovación de la Iglesia como tarea que nos dejó el Vaticano II, empeño en el que estamos medio siglo después de la clausura de aquel grande acontecimiento de gracia. Tenemos que volver una y otra vez sobre la doctrina de la Iglesia y sobre la misión, particularmente las cuatro grandes constituciones conciliares y por lo que hace a la obra de la evangelización el Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia Ad gentes. Hemos de recuperar y mantener la lectura de las grandes encíclicas sobre la misión y la obra evangelizadora de la Iglesia, teniendo presentes los hitos que jalonan las décadas posconciliares: la Exhortación Evangelii nuntiandi de san Pablo VI y la encíclica Redemptoris missio de san Juan Pablo II, el Catecismo de la Iglesia Católica, el Compendio de la Doctrina social de la Iglesia y la lectura, en este contexto magisterial que le es propio, de la Exhortación sobre la evangelización Evangelii gaudium del Papa Francisco.

Quiera el Señor que este mes de octubre nos ayude a fortalecer la fe y la misión para que Cristo sea conocido y amado, porque sólo él es Redentor del mundo y el Salvador universal de la humanidad. Nos acompañará la Santísima Virgen María en este tradicional mes del Rosario, y no en vano el Papa nos invita a recitar esta oración mariana tan llena de dones y gracias en familias, comunidades y grupos apostólicos.

Si lo hacemos así este mes misionero extraordinario habrá sido un mes de gracia para acrecentar las vocaciones misioneras explícitas de sacerdotes, religiosos y religiosas, y de laicos que personalmente o en familia están llamados a llevar y fortalecer la obra evangelizadora de la Iglesia en los territorios de misión, en apoyo de las jóvenes Iglesias y para expansión de la fe, sin proselitismo, pero proclamando la verdad que hemos conocido en Cristo, Hijo de Dios encarnado, que ha venido a nosotros para que el mundo tenga vida abundante (cf. Jn 10,10).

Con todo afecto y bendición.

Almería, 1 de octubre de 2019

Fiesta de Santa Teresa del Niño Jesús, Patrona de las Misiones

+ Adolfo González Montes, Obispo de Almería

 

[1] Congregación para la Evangelización de los Pueblos [CEP] / Obras Misionales Pontificias [OMP], Bautizados y enviados. La Iglesia de Cristo en misión en el mundo. Mes misionero extraordinario. Octubre 2019 (Cinisello Balsamo, Milán 2019). Editado por las Ediciones San Pablo (Paulinas), se distribuye en español.

[2] Francisco, Discurso a los Directores de las Obras Misionales Pontificias. Sala Clementina, viernes 1 de junio de 2018).

[3] Cardenal Fernando Filoni, Carta a los Obispos Ordinarios (El Vaticano, 3 diciembre 2017): CEP / OMP, Bautizados y enviados, 29-32.

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