Jesús García AízLa Mirada de la Fe

LA VOLUNTAD DE DIOS EN LOS SIGNOS DE LOS TIEMPOS

Estos tiempos que nos tocan no son mejores ni peores que otros. No podemos vivir de la nostalgia de una Iglesia vivida en régimen de cristiandad, es decir, de aquella forma de vivir el cristianismo en la que los cristianos podían sentirse más seguros. De ahí la necesidad de colocarnos a la escucha de Dios, que, entre otros lugares teológicos, se hace presente en los signos de los tiempos. Una escucha, una mirada, que deberemos orientar en una triple dirección.

En primer lugar, necesitamos estar atentos a la voluntad de Dios, que progresivamente se va manifestando en la marcha de la historia y en concreto, en el momento presente, con el fin de reconocer en el tiempo los signos de su presencia. En segundo lugar, una mirada sobre la propia historia del cristianismo, que nos permite encontrar otros momentos y otras situaciones que, en cierto modo, se asemejan a los nuestros, con el fin de reconocer en ellos esa fuerza que emana del Espíritu y que nos permite mantener la confianza, no perder la dirección e incluso, en los momentos de mayor oscuridad, encontrar algunas pistas por las cuales circular. Y, en tercer lugar, una mirada atenta a su Palabra, que es la fuente última que nos permite reconocer las líneas maestras de su voluntad. Una Palabra que deberemos actualizar y concretar en cada momento y en cada circunstancia.

Con ello nos encontramos ante un nuevo problema: ¿cómo reconocer los signos que realmente nos ponen en relación con todo aquello que está cambiando y que nos aportan una significación profunda, que tiene que ver con la voluntad de Dios respecto a nuestro mundo? ¿Cuáles son esos signos? Señalo algunos: si Dios es Padre y salvación para el género humano, un primer criterio al que nos podemos referir, y que podemos utilizar en las situaciones concretas, es la búsqueda del bien común y, especialmente, el bien de los más pequeños, de los más frágiles, de los indefensos.

Un segundo criterio tiene que ver con todos aquellos signos que hacen referencia a las relaciones humanas vividas como fuente de felicidad y de las relaciones sociales fraternas. La conciencia de pertenecer a un pueblo, a una cultura; la conciencia de pertenecer a un grupo humano que se siente amado y salvado por Dios, que se siente pueblo de Dios; los deseos y las ansias de salvación. De salvación intramundana, entendida como sentido y plenitud de la vida, como signo y expresión de un deseo más profundo de salvación y de pervivencia incluso más allá de la muerte. Y un tercer criterio, que aún nos queda mucho por andar, es la defensa de la creación frente a toda explotación indiscriminada, y que gracias al magisterio del Papa Francisco nos ha permitido tomar una conciencia más clara de ello.

Jesús García Aiz

 

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