Jesús Martín GómezLa Mirada de la FeNoticias

“HERMANO” EL GRITO DE UNA GENERACIÓN, por Jesús Martín Gómez

Mientras que escribo se deslizan a través de mi ventana los sonidos de una conversación entre jóvenes adultos, imagino que es así porque hablan de la universidad. Entre las palabras que logro identificar, no quiero parecer un fisgón, hay una cadencia que incluso a mí me resulta exagerada. En el comienzo o final de cada frase, a modo de coletilla, escucho la palabra “hermano”. Esta palabra se ha convertido en un recurso habitual en las conversaciones de la generación Z, los nacidos en el cambio de milenio. Junto a ella seguro que también nos resultan familiares palabras como cringe, crush, random o LOL. Por suerte, en el sur de nuestra península, no ha llegado a popularizarse la expresión que dio origen a esta hermandad y que proviene precisamente de las hermandades universitarias estadounidenses, me refiero a la terrible: bro. Todavía guardamos algo de nuestra esencia.

Ya el sabio estagirita, Aristóteles, señaló que el hombre es un animal político, que busca hacerse a sí mismo acudiendo a un grupo de referencia del que reciba unas costumbres que lo hagan propiamente humano. Tal vez en nuestra sociedad tecnológica dónde cada uno vive vinculado a su pantalla, donde las familias se encuentran rotas viviendo debajo del mismo techo y el individuo intenta construirse solo, aislado; el hecho de que los jóvenes usen como coletilla el término  hermano, suena como el bramido sosegado de un corazón que reclama aquello que se le niega, el grito de auxilio de una generación que no sabe crear fraternidad, que reclama pertenencia y a la vez no está dispuesta a perder la  teórica independencia que le garantiza la ventana del smartphone.

En estos días del DOMUND, en que se pone de manifiesto la actividad misionera que la Iglesia lleva a cabo en tantos lugares del mundo, creo que la principal forma en que podemos evangelizar en este occidente nuestro es siendo familia. Aquí se nos impone una tarea común a toda la Iglesia, se trata de ofrecer la experiencia de un grupo humano donde se disfrute unidos, donde cada persona importe por ser única, irreductible e indivisible, donde no se es masa. Con frecuencia se ha dicho que la parroquia es comunidad de comunidades, yo diría que hoy podemos sustituir ese término por el de familia, ya que la única referencia que tenemos de comunidad es la de nuestro bloque de vecinos, ser familia de familias. También el lugar donde las familias sanen y aprendan a vivir sus relaciones sobre la roca firme que es Cristo.

Jesús Martín Gómez

Párroco de Vera

 

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