Comentario Bíblico Ciclo C

DOMINGO XI DEL TIEMPO ORDINARIO

«Su mirada es una mirada diferente»

Una exigencia del libro del Levítico, que inspiraba la vida moral de los contemporáneos de Jesús, decía «Sed santos, como yo el Señor, vuestro Dios, soy santo» (19,2). Ellos entendían esta santidad como estar separados de todo lo impuro. Así, se generaba una sociedad excluyente, donde se valoraba a los puros y se discriminaba a los pecadores. El evangelio de hoy muestra como Jesús traduce de una forma nueva ese precepto:«Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso» (Lc 6,36).  No son preceptos opuestos. El camino de la santidad pasa por el amor y la compasión. Quien quiera asemejarse a él, no debe «apartarse» de los pecadores y de los excluidos, sino comprometerse con ellos con un amor compasivo, pues así es Dios para con cada uno de nosotros.

Es lo que nos dice el evangelio de este domingo, en el que una «pecadora» se acerca a Jesús y le unge sus pies. De esta manera nos anuncia hasta donde llega el poder de Jesús:  hasta la transformación total del corazón con el perdón. Aquella mujer muestra tales pruebas de amor porque se sabe perdonada por Dios. Encontramos en este breve relato de San Lucas dos maneras distintas de «contemplar» al hombre. Por una parte, la manera de mirar de Simeón el fariseo. Su mirada de hombre experto en la ley no le permite penetrar en lo profundo del corazón de aquella mujer; solo se queda en el escaparate. La ha juzgado y condenado según su pasado y ya no es capaz de mirar y conmoverse por sus lagrimas. No solo es juez de la mujer, a la que no concede ninguna posibilidad de arrepentimiento, sino que incluso juzga el mismo amor con el que el Señor actúa.

Sin embargo, la mirada de Jesús es diferente. Él mira el corazón y no la fachada. Acepta al hombre como es en cada instante de su vida para caminar con él. Y acepta todas sus manifestaciones de amor en función de lo que pueda dar en cada instante de su vida. No se fija en el pasado sino que le invita a un nuevo inicio. Es la pedagogía de Dios, que acoge y acepta al hombre en su realidad concreta para encaminarlo hacia una nueva situación. Aquella mujer que está a sus pies, ya no es una pecadora, sino una mujer perdonada por Dios que manifiesta todo su agradecimiento. No ha venido a buscar a los justos sino a los pecadores.

Termina Jesús diciéndole a aquella mujer “tu fe te ha salvado, vete en paz”. El Señor une su perdón a nuestra fe. Dios solo ha podido entrar en su vida porque aquella mujer se lo ha permitido. Dios llega y toca la puerta de nuestro corazón, pero solo entrará si nosotros le abrimos. Este es el Dios respetuoso de la libertad del hombre.

Francisco Sáez Rozas

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