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ELENA FONS, MISIONERA SEGLAR: “Donde Tú quieras, yo lo que quiero es servir”

Elena Fons es valenciana, tiene 30 años y sigue riéndose a carcajadas detrás de la mascarilla. El COVID 19 no le ha mermado la alegría y las ganas de servir. Maestra de profesión y vocación ha pedido una excedencia para estar con las Misioneras del Sagrado Corazón de Jesús y María presentes en el popular barrio de la Fuentecica de Almería y discernir qué quiere el Señor de ella. Ha sido convocada por la Delegación diocesana de misiones para dar su testimonio en diferentes parroquias y colegios en este DOMUND 2020 lleno de limitaciones provocados por la pandemia.

¿Qué tecla te tocó el Señor para meterte en este “lio?

Siempre he tenido una inquietud de servicio y de acercarme al Señor. Desde jovencita me fueron invitando en la parroquia a participar en distintas actividades: catequesis, coro, un centro de menores… Pero en concreto, me llamó la atención una alumna mía con necesidades especiales. En ella me sentí llamada. Llegué a pensar: “el Señor me ha puesto en este colegio solo para que puede atender a esta niña”. Un compromiso detrás de otro, y diciéndole al Señor: voy a darte un poquito más, un poquito mas…

Me llamó la atención una alumna mía con necesidades especiales. En ella me sentí llamada. Llegué a pensar: “el Señor me ha puesto en este colegio solo para que puede atender a esta niña”.

¿Y la llamada concreta a la misión?

Pues en una reunión de Juniors se acercó el Delegado diocesano de misiones de Valencia y nos invitó a ir a África. Y dentro de mí pensé: “esto es lo que yo quería. Yo quiero irme de misión”. No lo busqué, te va liando el Señor y aquí estoy.

Al final se cambió África por Honduras

Pues sí. En el viaje a la reunión del Escorial conocí a una de las hermanas misioneras del sagrado Corazón de Jesús y María y me presentó el proyecto de Honduras y le dije al Señor: “Donde Tú quieras, yo lo que quiero es servir”.

En qué consistía el proyecto de Honduras y qué descubriste en esa experiencia de verano

Colaborábamos en toda la pastoral, un dispensario médico y en un comedor social donde vas los niños más pobres. Lo que más me impactó es la comunidad misionera. El testimonio de la comunidad. Me tocó cómo vivían y cómo podían servir tanto con todas las decepciones y situaciones que me indignaban. Por ejemplo, gente que les robaba en la misión después de haberle dado de comer el día anterior. Pero luego rezabas y al día siguiente te levantabas tan contenta y volviendo otra vez a darlo todo. Me preguntaba: ¿Qué limite hay para el amor? ¿No hay límite para el servicio? Yo pensaba que tenías tus fuerzas, se agotaban y ya está. Pero ahí descubrí una entrega sin límite.

¿Qué limite hay para el amor? ¿No hay límite para el servicio? Yo pensaba que tenías tus fuerzas, se agotaban y ya está. Pero ahí descubrí una entrega sin límite.

¿Y qué crees que puedes aportar en este DOMUND 2020 desde tu experiencia como misionera seglar?

Dios es el que toca y yo soy un simple instrumento. Igual que otros han sido instrumentos para mí, lo mismo yo puedo hacer lo mismo. Si hablo desde el Corazón y tengo la experiencia de que Dios me ha transformado la vida por qué no lo va a hacer con otros a través de mí. Él sabrá lo que hace.

 

 

 

 

 

 

 

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