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90 años a los pies de la Virgen de Gádor en Berja, Esclavas de la Santísima Eucaristía y de la Madre de Dios

Sobre unas antiguas casas moriscas se yergue el Santuario de Nuestra Señora de Gádor, el corazón de la ciudad de Berja. El origen del mismo lo encontramos a finales del siglo XVI cuando dos ermitaños, Domingo de San Juan y Juan de Santa María, trajeron una imagen de la Virgen y se establecieron en el paraje de Pixnela, tomando para la Madre de Dios el nombre de Nuestra Señora de Gádor. Durante siglos fueron distintas las comunidades religiosas que se establecieron en este Santuario, alternándose su presencia con tiempos de abandono. De todas ellas, las Esclavas de la Santísima Eucaristía y de la Madre de Dios son las que durante más tiempo han estado al servicio de la Virgen de Gádor y del pueblo de Berja a través de la adoración. El día 24 de septiembre de 2020, cumplimos 90 años desde la llegada de Madre Trinidad a esta, que hoy es, tal como ella misma prometió al Señor, la casa madre de la Congregación.

La mayor parte de la vida de Madre Trinidad había transcurrido entre los muros del Convento de San Antón de Granada, donde fue abadesa en distintas ocasiones. Su amor a la Eucaristía le llevó a fundar en 1925 un monasterio en Chauchina en el que el centro de la vida de las monjas que lo habitaban fuese la adoración al Santísimo Sacramento. Durante el proceso de fundación estuvo apoyada y animada por el arzobispo de Granada, el Cardenal Vicente Casanova y Marzol. Aquel sería el punto de partida hacia Berja.

En los años anteriores a la llegada de nuestras monjas, la vida del Santuario de la Virgen de Gádor estaba empezando una nueva fase de mayor importancia y animación gracias a la figura de un virgitano ilustre, el sacerdote don Francisco de Paula González, canónigo magistral de la Catedral de Granada. Era deseo de don Francisco que el Santuario contara con una comunidad religiosa que atendiera a la Virgen y fue precisamente su cercanía al arzobispo de Granada, y la amistad de este último con Madre Trinidad, lo que condujo a que las monjas llegaran a Berja en 1930. La vizcondesa de Termens, antigua dama de la corte, que aportó el capital necesario para las obras de restauración y el Señor Magistral, fueron los encargados de la restauración del convento para la llegada de las monjas.

Finalmente llegó el día de la inauguración de este convento entonces monasterio. Fue un día de inmensa alegría para las religiosas, pero también para el pueblo de Berja que Madre Trinidad recordaba así:

“Llegó el solemne momento de la inauguración. Las religiosas preparaban el santuario con entusiasmo y fervor, que le ayudaba el amor que don Francisco González, canónigo de la Catedral, profesaba a su adorada Virgencita de Gádor. Él nos hizo solemne entrega, con el Ayuntamiento y Señor Párroco, del Santuario y de la Patrona. Acudieron entusiasmados los devotos de nuestra madre María Santísima a esperar al Cardenal Casanova, arzobispo de Granada, con el clero y canónigos de Granada, para el solemne acto de la inauguración, explicando al pueblo el favor de la Virgen al traerle una comunidad de monjas adoradoras del Santísimo Sacramento para cuidar de la Ermita como capellanas de la Virgen. Llegó a tal su entusiasmo cuando vio la gran cantidad de gente que llenaba la iglesia y la plaza que les dijo «Os he traído lo mejor de lo mejor de mi Diócesis, para que os atraigan del Cielo las bendiciones de Dios»… La celebración fue preparada con la solemnidad y esplendidez con que don Francisco y la señora vizcondesa prepararon todo. El día 24, festividad de Nuestra Señora de las Mercedes, fecha memorable de nuestra fundación del santuario de Nuestra Señora de Gádor, Berja, del año 1930.”

Desde aquel día y hasta hoy han pasado 90 años en los que las religiosas han tenido que superar distintas pruebas, la más dura de ellas la guerra, la huida del convento ante la amenaza mortal del conflicto y la destrucción del mismo junto con el Santuario y la imagen de la Virgen durante la Guerra Civil. Pero Madre Trinidad, nunca sacó a Berja y a la Virgen de Gádor de su corazón. Desafiando a todos los que le pedían que no volviera, porque todo estaba destruido y sería un gran dolor para ella, no quiso resignarse y viajó a Berja en cuanto tuvo oportunidad. Y en el camarín de la Virgen, vacío y semidestruido vivió una de las experiencias espirituales más grandes de su vida.

Hoy 29 de julio de 1939, llegamos aquí, Madre, a lo que tantos años fue tu ermita y sólo quedan las paredes. (…)

Nadie nos quería recibir… Sólo la Reina del cielo nos esperaba en su camarín vacío de todo lo de aquí abajo, que tanto adornaba su sagrada imagen. Aquel día lo ocupaba la Reina del cielo con una corte de ángeles que en dulces cánticos llenaban el santuario de gloria y ella, llena de maternal dulzura dándome su benditísimo Hijo que tenía en sus brazos, parecía decirme: “Aquí te esperaba para pedirte no abandonéis nunca este santuario donde yo quiero seguir recibiendo el culto y amor de mis hijos, mientras que vosotras, con vuestras adoraciones y oración desagraviáis la Santísima Trinidad de los pecados y sacrilegios cometidos en este y en tantas ciudades y pueblos de esta región; orad mucho y tened fe que si amáis y buscáis la gloria de mi Hijo santísimo en la salvación de mi pueblo, yo os estaré a la puerta del reino del cielo y os daré un trono con mi Hijo santísimo que corresponda a vuestras obras y amor de Dios y de su gloria”.

Cuando bajamos del camarín no veía ni andar, ni acertaba qué decir a cuantos me esperaban, desanimada y entristecida. Pero la Santísima Virgen de Gádor había cambiado mi corazón …  Salí de allí y no podía ni hablar; la emoción me tenía muda, me encontré como si hubiera bajado del cielo.”

Otra vez se levantaron los muros, se cerraron las heridas y se volvió a rendir culto a la Patrona de Berja. En esta casa Madre, entre estos muros, hoy rehabilitados, se consolidó un carisma, que se extiende por cuatro continentes. Los tronos de Adoración que el Señor pedía a Madre Trinidad y que la Virgen le animaba a extender se han multiplicado por nueve países, en los que además de rendir culto al Santísimo Sacramento, las Esclavas de la Eucaristía, siguiendo la inspiración de Madre Trinidad, continúan, con la sencillez propia de la espiritualidad franciscana educando niños y jóvenes y llevándoles al Sagrario, para que se encuentren con Él.

Hoy la congregación agradece todas las gracias recibidas a lo largo de estos 90 años y contempla cómo el convento de Berja se levanta espléndido en esta sierra almeriense en la que se une el cielo con la tierra, a través de la nuestra Madre Bendita de Gádor, desde cuyo santuario continúan regándose a Berja y al mundo entero las bendiciones de Dios.

 

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