Cartas a los DiocesanosNoticias Obispo

VIVIR EN CRISTIANO CON LA COMPAÑÍA DE LA VIRGEN MADRE. En la fiesta de la Patrona

Puntos destacados de la historia

  • Sin él la humanidad no tendrá futuro alguno, por más proyectos e ilusionados planes que el hombre pueda hacerse. Invito a pensar en la fe cristiana en la palabra de Dios, en el Verbo hecho carne, nacido de María, que ilumina la vida de todo hombre que viene a este mundo, y le muestra el camino de la vida verdadera.

Queridos diocesanos:

Hoy es un día grande para la ciudad de Almería y las villas de su alfoz, porque la fiesta patronal de la Virgen del Mar a ninguno de los moradores nos deja indiferentes. Es verdad que hay muchos conciudadanos nuestros para los cuales pasa desapercibida la dimensión religiosa de la fiesta, a pesar de que es el origen del gozo y de las celebraciones festivas de estos días tórridos de agosto. En todo caso, festejan la feria y se entregan a las actividades festivas que aportan relax y descanso, aunque no ahorran sudores nadie, porque el calor como siempre aprieta y hace sudar.

Es, pues, el momento para preguntarnos de verdad si nos mantenemos formando un tejido social inspirado por la fe cristiana, si mantenemos fidelidad a la fe recibida de las generaciones que nos han precedido. El flujo de devotos de la Virgen viene desbordando, estos días de la novena de la Virgen y de las misas celebradas en su honor, la capacidad del Santuario para acoger a cuantos llegan hasta las plantas de la Madre del Redentor que brilla, como nombre dice, como un fulgurante estrella del mar que ilumina la ruta hacia el puerto de salvación, que es Cristo, el Hijo de Dios e hijo de María: Dios por ser el Hijo amado del Padre, enviado al mundo para vida de la humanidad; y hombre verdadero, por ser hijo de María, pues el Espíritu Santo creó en su vientre una humanidad idéntica en todo a la nuestra menos en el pecado.

…porque Jesucristo, su divina persona es el lugar de encuentro con Dios, es «Dios-con-nosotros», el Emmanuel, que viene a nuestro encuentro para decirnos que Dios es amor y que, para nuestro bien y feliz bienaventuranza por nosotros se hizo carne en el seno de la Virgen Madre

La ofrenda floral de la víspera y la sucesión de los cultos marianos ciertamente son expresión de una fe sentida, hondamente arraigada en cada uno de nosotros, y mañana serán varios miles de personas las que acompañen la procesión de la Patrona, bien siguiendo devotamente su trayectoria hasta el retorno al Santuario de la iglesia conventual de Santo Domingo el Real, bien apostándose en buen lugar a lo largo del recorrido para ver pasar la sagrada imagen de Nuestra Señora, adornada de nardos de penetrante olor hecho ofrenda de amor a la Virgen; iluminada su silueta, cuando ya cae la tarde para colocarse frente al Mar Mediterráneo de nuestras costas y recibir el homenaje de la multitud que desde el siglo II, generación tras generación, viene llamándola bienaventurada. El pueblo cristiano la ama porque ve en ella la realización perfecta de la obediencia de la fe al designio de Dios, que es siempre de amor y consuelo, y jamás de aflicción duradera.

Sin embargo, como pastor de la grey del Señor, me pregunto: si así amamos a María, la Madre del Señor, ¿por qué llevan tantos y con tanta intensidad una vida al margen de la fe que profesamos? La mentalidad vigente en el ambiente secular de nuestros días está apagando los rescoldos de la fe recibida y en la que tantos han sido educados. Por esto invito a todos a una reflexión sobre el sentido de lo que hacemos cuando actuamos sin al margen de Dios, porque Dios es la más consistente de las realidades, sobre la cual descansan todas las demás realidades que forman parte de la creación de Dios. Sin él la humanidad no tendrá futuro alguno, por más proyectos e ilusionados planes que el hombre pueda hacerse.  Invito a pensar en la fe cristiana en la palabra de Dios, en el Verbo hecho carne, nacido de María, que ilumina la vida de todo hombre que viene a este mundo, y le muestra el camino de la vida verdadera.

Cuando pase la imagen sagrada de la Virgen en la tradicional procesión de alabanzas en su honor, hagamos la señal de la cruz con la fuimos marcados en el bautismo y dejemos que la Madre de Cristo Redentor, que es también madre espiritual de la Iglesia y de cada discípulo de Jesús, nos acompañe con maternal ternura hasta él, para que reconozcamos en el Hijo de Dios y de María al Salvador de la humanidad, nuestro hermano y Señor. El Hijo único de Dios Padre que él nos ha ofrecido como camino, verdad y vida, para que lleguemos hasta él y para que todos tengan vida y alcancen la felicidad que a tientas buscan y a veces confunden con goces pasajeros, sin duración, goces que no aciertan a llenar el anhelo del corazón humano.

Sí, lo repetimos mucho. Yo no me canso de hacerlo, porque Jesucristo, su divina persona es el lugar de encuentro con Dios, es «Dios-con-nosotros», el Emmanuel, que viene a nuestro encuentro para decirnos que Dios es amor y que, para nuestro bien y feliz bienaventuranza por nosotros se hizo carne en el seno de la Virgen Madre.

Almería, 24 de agosto de 2019
En la fiesta de la Patrona

+ Adolfo González Montes
Obispo de Almería

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