Cartas a los Diocesanos

ES TU CASA Y NECESITA QUE TÚ LA MANTENGAS LEVANTADA

Como en años anteriores, llega la Jornada Diocesana «Pro Templo parroquial» del próximo domingo 18 de agosto, el primero este año después de la gran solemnidad de la Asunción de la Virgen, reclama nuestra atención en pleno agosto. No podemos dejarla pasar sin que dediquemos unos minutos al menos a tomar conciencia de su significado como cristianos atentos a las necesidades de la Iglesia diocesana. La comunión en la fe nos ha de impulsar a dar testimonio de ella, no podemos dejarla inhibida en el último reducto de nuestro interior, olvidada en su clausura de siete llaves. El creyente en Cristo sabe que toda su vida es misión y no puede silenciar que por medio de Jesús llegamos a Dios; o mejor, no podemos ignorar que en él es Dios quien ha salido a nuestro encuentro poniendo su tienda entre las nuestras.

Un signo visible lleno de significación sacramental, en el cual se expresa todo el misterio de Cristo, es la iglesia parroquial, en la cual celebramos como comunidad de fieles cristianos el culto del nuevo tiempo de gracia en el que vivimos. El nuestro es el tiempo de la Alianza nueva en la sangre de Jesús vertida por nosotros, rememorada y presente en el altar de la misa dominical y cuantas veces celebramos la misa de cada día. Un tiempo en que «los verdaderos adoradores han de adoran al Padre en espíritu y en verdad» (cf. Jn 4, 23), como Jesús dijo a la samaritana.

La iglesia parroquial expresa el amor de Dios por nosotros manifestado en el sacrificio de Jesús, porque se ha construido para la celebración eucarística, de la cual dimana la custodia en el Sagrario del sacramentado de la presencia permanente del Señor. Está allí para que le visitemos y le manifestemos nuestro estado de alma y cuerpo. La iglesia se convierte en la tienda que custodia el tabernáculo donde Cristo se hace presente en el sacramento del altar: para recordarnos que «el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros» (Jn 1,14). Hemos pasado del templo donde el santo de los santos ubicaba la presencia de Dios en medio del pueblo elegido a la presencia de Cristo resucitado y glorioso en el sacramento de amor que encierra el Sagrario.

La palabra que en la iglesia se proclama y resuena dentro de sus muros es palabra de salvación porque es la Palabra de Dios que tomó carne en el vientre bendito de la Virgen María, que ha sido llevada en cuerpo y alma a la gloria del Padre. Por eso, las iglesias no son salones de encuentro entre nosotros, si no son encuentro con el Hijo de Dios hecho hombre, en la medida en que las iglesias son lugares santos, ámbito de encuentro con Dios en la presencia en ellas de Cristo sacramentado. En las iglesias adoramos a Dios y suplicamos su ayuda, alabando su grandeza y dándole gracias por tantos beneficios. En ellas pedimos perdón y comulgamos el pan de la Vida, porque son lugares de oración y ámbitos de la celebración de los sacramentos, en especial de la Eucaristía.

En la iglesia de nuestra parroquia recibimos el bautismo y el sello del don del Espíritu Santo, accedemos de niños por primera vez y luego siempre a la Eucaristía. En ella se celebra el matrimonio cristiano y las misas en sufragio de nuestros difuntos, que nos han precedido en la fe, como deseamos que se celebren por nosotros cuando el Señor nos llame a su reino. Por eso tu iglesia parroquial es «tu casa», la casa de la fe que has de cuidar y necesita de tus atenciones para su mantenimiento.

Todas iglesias son signo y señal de la fe que profesamos y, cuando son edificios singulares por su belleza, «casa de Dios» levantada por la fe, forman parte de la herencia patrimonial y la identidad de un pueblo que ha tenido fe. ¿La seguirá teniendo? Mantener el patrimonio recibido, es algo que hay que hacer, pero no podemos contentarnos, si tenemos fe, en esa noble tarea, pero tenemos que levantar las iglesias nuevas que necesitan las comunidades de fieles de nuevas poblaciones, unas crecidas en número y otras trasladadas a lugares donde nos ganamos el pan de cada día.

Necesitamos, en fin, mantener en pie nuestras ermitas y santuarios, reclamo histórico de la fe compartida. Este año, consagraremos el próximo 22 de agosto, fiesta de la Virgen María Reina, la nueva iglesia del santuario de la Virgen de la Cabeza de Monteagud. ¡Cuántos años anhelado ver levantada esta «Casa de la Virgen»! Una casa nueva y hermosa que acogerá a los peregrinos que acuden a ella llenos de fervor mariano, gozosos unos, heridos y esperanzados otros, todos ilusionados porque acuden a la llamada de la Madre del Señor y Madre de la Iglesia, a la llamada de la que es vida y esperanza nuestra.

¡Ayuda a tu Iglesia diocesana a sostener mantener y construir la iglesia que es casa de Dios y tu casa!  La casa que necesita de ti para seguir en pie.

 

Almería, a 15 de agosto de 2019

Asunción de la Virgen María

 

+ Adolfo González Montes

Obispo de Almería

 

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