Discursos, Alocuciones y Otros Escritos

CAMBIO EN EL RECTORADO DEL SEMINARIO CONCILIAR

Discurso en la toma de posesión del nuevo Rector del Seminario D. Javier Ocaña Gámiz

Se produce hoy este cambio en el rectorado del Seminario Conciliar de San Indalecio después de dieciocho años de ejercicio del oficio del Rector saliente. Llega, pues D. Javier Ocaña Gámiz al Rectorado después de un largo período de reforma y consolidación del Seminario, una vez que los seminaristas mayores dejaron su sede en Granada para volver después de veinticinco años de ausencia a la capital diocesana. Tras los primeros años del retorno, mi predecesor de feliz memoria nombró Rector del Seminario a D. Juan Antonio Moya Sánchez en 2011. Desde mi traslado a Almería en 2002, he contado con su estrecha colaboración, realizada con tino y acierto al timón de la nave, sacudida por vientos de diverso calibre, orientación y velocidad. Hoy le damos las gracias, porque en estos dieciocho años al frente del Seminario ha actuado con entera fidelidad a las orientaciones del Obispo diocesano y con él ha tratado en todo momento de poner en práctica las orientaciones de la Iglesia. El documento estrella que nos ha guiado y ha sido referencia permanente de nuestra actuación ha sido la Exhortación apostólica postsinodal de san Juan Pablo II Pastores dabo vobis (25 marzo 1992), que mi predecesor comenzó a aplicar con decisión en años difíciles. Con este gran documento para la formación sacerdotal, referente necesario para concretar el contenido de la formación, de mencionar en manera obligada el Plan de formación sacerdotal para los Seminarios mayores, preparado por la Conferencia Episcopal y puesto en vigor en 1996, como acomodación para España de la hasta hace poco vigente Ratio fundamentalis institutionis sacerdotalis. Su puesta en práctica siguió a la primera versión de este último documento, después de haber sido adaptado el Plan de 1986, de aplicación a las diócesis españolas, incorporando las orientaciones de la Exhortación Pastores dabo vobis y tras la recognitio de la Santa Sede.

A su vez el Seminario Menor se ha venido rigiendo por las orientaciones del Plan de formación elaborado por la Conferencia Episcopal Española en 1991, puesto en práctica tras una etapa de no poca confusión y experiencias de diverso género que disolvieron los Seminarios menores históricos. Este plan fue aprobado por la Conferencia Episcopal en sustitución del Plan anterior, que había aprobado en 1978. Su novedad estaba en las modificaciones introducidas por la Ratio fundamentalis institutionis sacerdotalis, con referencia a cuanto en ella se dice sobre Seminarios menores. Por este motivo, con relación a los seminarios menores, a propósito de la nueva etapa que ahora comenzamos, después de haber nombrado un nuevo Rector, no dejaré de mencionar que por primera vez se incorpora una religiosa al equipo de formadores del Seminario Menor. Siempre ha habido religiosas en los Seminarios menores y mayores, que han colaborado no sólo en la intendencia de las casas, y al frente del personal auxiliar, sino también como colaboradoras en orden al estudio y la disciplina. Nosotros lo hacemos ahora siguiendo la orientación de la nueva Ratio fundamentalis, dada la importancia de la mujer en los primeros desarrollos del camino hacia el sacerdocio, con la aportación específica que una mujer de vida consagrada puede ofrecer en el desarrollo de la vida del Seminario Menor: en la introducción al estudio, al orden de vida y la autonomía adolescente, al cuidado de la oración y del estudio de cada día.

En estos tres lustros últimos el Seminario ha tenido que afrontar retos nada fáciles, comenzando por la reparación y renovación de sus estructuras materiales, gastadas por el paso del tiempo y muy deterioradas. Hoy el viejo caserón del Seminario de la carretera de Níjar, construido nuevo en los años cincuenta para sustituir el antiguo edificio de la Plaza de la Catedral, se hallaba desvencijado al retorno a Almería de los seminaristas mayores. En los últimos años del siglo XX y al comienzo del siglo XXI era un edificio verdaderamente viejo, que ha sido del todo remozado en estos últimos años. Hemos tenido que vencer múltiples dificultades, pero el objetivo de conseguir un marco material renovado para la comunidad del Seminario y para su Centro de Estudios Eclesiásticos se ha convertido en una realidad palpable. La renovación cultural no ha sido tampoco empresa fácil, pero los resultados son palpables. Se han recuperado los fondos de su antigua biblioteca y se ha rescatado, con voluntad de prolongarla en el tiempo, la hemeroteca interrumpida con la marcha de los seminaristas a Granada, y se han llevado a cabo numerosos intercambios y nuevas suscripciones.

Son horas de dedicación ilusionada que ahora requieren su prolongación espiritual en alcanzar la meta siempre difícil de nutrir la comunidad de candidatos idóneos para el ministerio pastoral. Por esto hemos de pedir al Señor que nos ayude a lograrlo. El Rector saliente, D. Juan Antonio Moya, ha dedicado mucho tiempo a tan importante tarea, compartida con la provisión de un nuevo Colegio diocesano, que se ha convertido en un verdadero buque insignia de la educación católica en nuestra diócesis.

Hemos afrontado la restauración material del Seminario de los años cincuenta pasados, pero no habríamos logrado el principal objetivo sin la persecución y el logro de la atmósfera cultural necesaria en un momento como el presente; justo cuando nos afecta acuciante la crisis de la sociedad profundamente cambiante e influida por los flujos de opinión de la globalización, que ha universalizado modos de pensamiento muy secularizados, alejados de la tradición cristiana. Sucede, además, en este momento complejo de la vida eclesial, que los diversos sectores de opinión en la Iglesia, en el clero y los movimientos apostólicos y otras diversas realidades eclesiales tratan de conseguir un Seminario a imagen de sí mismos, lamentado no reconocer en el Seminario su propia experiencia de la fe y su modo de entender el servicio pastoral, a veces excluyente de la imagen de Seminario que aspiran otros a tener apelando al mismo discurso.

El equipo de formadores, en estrecha colaboración con el Obispo diocesano tienen que guiarse por las orientaciones de la Ratio fundamentalis y la concreción que a la misma dan la Conferencia Episcopal y el Obispo diocesano; sin ceder a la tentación de dejarse guiar por algunas de las diversas realidades eclesiales de modo excluyente para las otras.  Es buena la apertura a todas realidades presentes en la vida de las parroquias, sin reduccionismos en la selección, siguiendo el criterio de estar avaladas por la autoridad de la Iglesia, y moderando el Rector y los formadores, conforme a la mente del Obispo, una cercanía a las mismas equilibrada y enriquecedora para la formación pastoral de los seminaristas. Siempre sin perder de vista que el primer responsable de la marcha del Seminario es el Obispo diocesano y que la guía de la formación viene dada por las orientaciones de la Iglesia, que se concretan en la Ratio fundamentalis en vigor.

El nuevo Rector, D. Javier Ocaña Gámiz comienza su rectorado cuando apenas ha entrado en vigor la nueva Ratio fundamentalis Institutionis sacerdotalis, que ha sido editada en español con el título El don de la vocación sacerdotal (Madrid 2017), la cual fue aprobada por la Congregación el 8 de diciembre de 2016. Todavía en la última Asamblea plenaria del pasado abril de 2019 fue aprobada la adaptación de la misma por la Conferencia Episcopal para su puesta en práctica en los Seminarios de España. Estamos ante una nueva etapa que es preciso afrontar con ilusión, haciendo lo posible por lograr una comunidad de candidatos a las Órdenes sagradas suficiente para las necesidades pastorales de nuestra Iglesia diocesana. El nuevo equipo de formadores tendrá que trabajar con denuedo por descubrir y acompañar las vocaciones posibles al sacerdocio, particularmente entre los adolescentes y los jóvenes de nuestras comunidades parroquiales, en la escuela y colegios católicos, pero también en el ámbito de la universidad y el mundo juvenil en general. Esto les exigirá, sin duda, proceder coordinadamente con el Secretariado de Infancia y Juventud de la diócesis, también en los movimientos apostólicos y comunidades cristianas.

En el período que termina se ha trabajado mucho y bien en estos campos, pero se requiere en la nueva etapa capacidad de innovación y el cambio propio que imprime en este momento en la Iglesia la pastoral de juventud en general, que se ha de orientar por la Exhortación apostólica del Papa Francisco sobre los jóvenes Christus vivit (25 marzo 2019). Esta no fue una Exhortación pensada al margen de las vocaciones, sino todo lo contrario; desde el principio el Papa Francisco la concibió en sus orientaciones maestras como una exhortación sobre los jóvenes y la cuestión de la vocación, cuestión que nuclea el desarrollo personal en la vida de todo joven.

Por todo ello, al comenzar esta nueva etapa en el Seminario diocesano   hemos de tener presente que la aplicación de la nueva Ratio fundamentalis distingue claramente tres etapas que hemos de tratar de acomodar a nuestra realidad, peo observar y poner en práctica:

– La etapa preparatoria o de introducción a la comunidad del Seminario y a los estudios superiores del Centro de Estudios Eclesiásticos, verdaderamente universitarios, con sus exigencia y nivel, salvadas las excepciones que el Obispo en algún momento estime oportunas y conforme a derecho universal de la Iglesia.

– La etapa discipular, coincidente con el bienio de estudios filosóficos y, si se quiere, de carácter humanístico.

– La etapa de configuración con Cristo que dispone existencialmente al candidato a las sagradas Órdenes a la conformación sacramental de su propia persona con Cristo. Es la etapa coincidente con los estudios propiamente teológicos.

Estas tres etapas serán seguidas por la última etapa, consistente en la introducción a la acción pastoral de la Iglesia, previa a la recepción de las sagradas Órdenes, para la cual se han ido asimismo acomodando, poco a poco, los seminaristas mayores.

Termino, pues sólo me queda desear acierto al nuevo Rector y a su equipo de formadores, y estimular a toda la comunidad de seminaristas, recordándoles que no pueden hurtar la responsabilidad en el estudio y el progreso en la formación humana y espiritual, porque son muchas las esperanza que la Iglesia pone en ellos.

Que la Santísima Virgen María, Madre del Señor, y san José, Patrono de la Iglesia y de las vocaciones sacerdotales, nos bendigan con su constante intercesión.

Almería, a 19 de septiembre de 2019

+ Adolfo González Montes

Obispo de Almería

 

 

 

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