Comentario Bíblico Ciclo C

DOMINGO III DE CUARESMA. Hay que mirar la vida desde otra perspectiva

Con demasiada frecuencia, llegan hasta nosotros noticias tan negativas que nos sacuden hasta lo más profundo de nuestro ser. Son situaciones que hacen que nos replanteemos nuestras seguridades vitales. Cuando se producen estos acontecimientos, tendemos a buscar justificación en personas, situaciones, actuaciones, comportamientos… externos a nosotros mismos. Dentro de estas «causas externas», a veces, también incluimos a Dios. Esta es la situación en la que se enmarca el fragmento evangélico de este domingo. Un grupo de personas acude a Jesús para exponerle cómo justifican ellos un hecho que conmocionó a la sociedad israelita de su tiempo: la cruenta represión llevada a cabo por Pilato de una revuelta que se habían producido en aquellos tiempos.

Jesús vuelve a sorprender a aquellos que lo interpelan; frente a la justificación externa del mal, hay que ver qué responsabilidad tengo yo en él. Jesús rechaza la explicación dada por sus contemporáneos; aquellos no murieron porque fueran más malos que los que habían sobrevivido. Es más, Cristo avisa de que, si no cambian de vida, también ellos morirán. Muerte del alma, que es más trágica que la muerte física.

Frente a la existencia del mal, realidad que fácilmente podemos constatar con mirar a nuestro alrededor, Jesús enseña que no tenemos que descargar responsabilidades lejos de nosotros. Que la queja y la congoja solo pueden ser un primer momento de reacción, pero no es suficiente. Ante el mal, todos hemos de convertirnos. Hay que cambiar la vida. Abandonar el pecado y vivir en amistad con Dios.

Puede parecernos que la realidad del mal que existe en nuestro mundo es tan grande que lo que yo pueda hacer es insignificante. Las palabras de Cristo son una llamada a no caer en esta tentación. Cambiar de vida, convertirme, ser mejor cada día y no descargar la responsabilidad en situaciones o personas ajenas a mí mismo, es la única y mejor contribución que puedo ofrecer para vencer el mal que existe a nuestro alrededor. Y frente a la tentación de «dejarlo para mañana», Jesús propuso la parábola de la higuera estéril. Dios tiene paciencia con nosotros, pero ese amor de Dios manifestado en espera, supone para nosotros una llamada urgente a no dejar pasar ni un minuto más antes de ponerme, con honestidad y sin límites, delante de Dios e ir descubriendo cuáles son los pasos que Él me pide que vaya dando. El único camino para vencer el mal que existe es que yo sea mejor.

Victoriano Montoya Villegas

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